Un grito de desesperación, primitivo y antiguo como la humanidad, escuché en los informativos, hace una semana.
¡¡“Dios, haz tu trabajo”!!
Chillaba una joven haitiana, llorando y saltando y enfadada. Pobre mujer.
Hace tiempo, incluso antes de leer a los grandes filósofos... Sócrates, Aristóteles, Descartes, Hegel, Sartre...los que creen en Dios, saben que, al crearnos, Dios hizo su trabajo, lo demás... es cosa nuestra.
Ya se han encargado los chamanes, brujos, sacerdotes, imanes y rabinos de convencer a personas, como la joven haitiana, de que Dios les ayudará mientras ellos sigan en el poder, si no es en esta vida, que nunca lo es, será en la próxima, y lo que es peor... Dios no les ayuda porque han pecado...malditos sean los que manipulan almas y conciencias.
No voy a discutir con nadie que no crea en Dios, pero crea en el hombre, en los derechos de la humanidad, que sea cooperante y compasivo y honrado y decente.
La tristeza, cada día, hace mella en mi cerebro, la desvergüenza de gente que se llena la boca con la palabra libertad, mientras es individualista y carece de compasión, es egoísta y prepotente.
Cada vez hay menos gente frente a ellos y muchos por miedo...una pena.
“Libelo de sangre” clamaba el “Thea Party” después de que le pegaran un tiro a una congresista en EE.UU. y mataran a una niña de nueve años y a un juez y a siete personas más y se les acusase, al menos, de crispar a la sociedad con sus parodias y sus carteles y sus discursos.
¡Baby Doc vuelve a Haití!
Los informativos le dan cancha y le tratan como ha un exiliado político en vez de tratarle como a un delincuente y recordar, con rotundidad, que junto con su padre fueron dos dictadores crueles que empobrecieron y maltrataron y mataron a un pueblo con el consentimiento de unos gobiernos occidentales cómplices.
Le decía Mounier al mundo: la revolución económica deberá ser moral o no habrá reparto equitativo de la riqueza del planeta y la revolución moral deberá ser económica, porque la existencia de la pobreza es inmoral.