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7 sept 2011

PARADIGMA DE LA INJUSTICIA

Hay niños que hoy han muerto de hambre.

Hace muchos años, estudiaba a Jean Paul Sartre. Escribía Sartre que el hombre es libre que puede hacer, pero también puede no hacer. El soldado que va a la guerra puede matar, también puede dejar de matar… le juzgarían por desertor o traidor y a lo peor le fusilan; el soldado escoge entre la muerte del otro y su propia muerte. Ha escogido. Al mismo tiempo leía La Náusea, cuando se es joven se cae con facilidad en la angustia existencial, una experiencia vital que puede ser útil cuando eres mayor, distingues mejor lo auténtico de lo falso, lo superficial de lo profundo, las palabras del significado. Lo importante es que cuando andaba entretenido en esos vericuetos, la misma persona que me enseñaba, me entrego una entrevista que le hicieron a Jean Paul Sartre en donde decía con rotundidad: “… delante de un niño que se muere de hambre La Náusea es una mierda”. Se me pasó de repente la angustia existencial  cuando me di cuenta que el paradigma de todas las injusticias es un niño que se muere de hambre.

Las reflexiones posteriores, que siguen hasta hoy en día concluyen afirmando: la lucha por cualquier injusticia es la lucha por que un niño no se muera de hambre; que la causa primera  de la injusticia es el desigual reparto de la riqueza, peor, el robo sistemático de unos a otros, no fuera de la ley, sino protegido por ella, por el sistema que domina el mundo, que siempre ha sido global; los imperios eran globales, los colonizadores eran globales. No le echemos las culpas a las palabras en abstracto. Me contaron, no sé si es cierto, que en una asamblea del Banco de Santander un accionista le dijo a Botin (padre) que tal vez el banco debía de hacer más acciones sociales. Botín contestó que entonces habría menos dividendos. El accionista no insistió.

El sistema universal que se ha creado da por bueno que la riqueza es propiedad privada, que las materias primas son para el que las explota y que DEBE sacar el máximo rendimiento posible, que las fronteras son inamovibles y que tienen (¿) derecho a retener personas en fronteras y campos, que la tierra no vale para que viva una familia, eso no es rentable, la tierra debe sacar un beneficio más allá de la comida de una familia.

Cualquiera que tenga capacidad para no caer en la angustia existencial puede leer y estudiar cómo se mueven las políticas geoestratégicas en la zona, porque se permiten estados fallidos, fronteras ficticias.  Cómo en los crímenes se busca el motivo, aquí hay que buscar el beneficio, porque siempre que un niño se muere de hambre hay un beneficio, así de crudo, lo demás es  retórica.

En estas que llega el Papa a Madrid. El día antes le hacen una manifestación, con mis impuestos no, como lema. Cuando tenía trece o catorce años aprendí una copla en un pueblecito a las orillas del rio Pisuerga que decía el estribillo: Miseria,  miseria, que puta es la miseria. La primera estrofa rezaba así: Tanto cura, tanto fraile, tanto obispo, tanta monja, tanta mujer sin marido, tanto chiquillo sin padre.

En España aunque hayamos ido a misa hemos sido muy anticlericales, antes de la república, durante la república y después de la república. Siempre hemos visto a los curas en el poder.

Llega el Papa a Madrid, un millón de jóvenes de todos los países, un evento internacional, el Papa habla de relativismo moral, pero perdió la oportunidad de influir en las gentes con un mensaje nítido del Evangelio y que en el siglo IV San Gregorio Nacianceno gritaba desde su pulpito: “… Abominables pecadores que cagais en orinales de oro mientras otros se mueren de hambre”.  En esos días se estaban muriendo en Somalia siete niños al día de hambre.

El Estado español desgravaba hasta el 90% las donaciones que se hacían para ese evento, yo vi la noticia meses antes,  varios banqueros y empresarios españoles recibidos por el Papa, para entregarle sus donativos.

Una estupenda monja, espiritual, y muy religiosa me dijo un día que los cardenales no siempre seguían las directrices del Espíritu Santo. Tenía razón.