Archivo del blog

22 may 2014

LIBERALES Y LUCHA DE CLASES

En una de las Escuelas de Verano del sindicato CC.OO. en Morillo de Tou, Huesca, a las que fui con frecuencia y en las que aprendí muchas y buenas cosas, coincidí en una ocasión con un guatemalteco del que por desgracia no me acuerdo de su nombre. Colaboraba con la organización de CC.OO. “Paz y Solidaridad” que busca la forma de fomentar planes de desarrollo en zonas de Latinoamérica deprimidas.
Tal persona me contaba que el plan de cooperación en Guatemala marchaba con dificultades. El plan era sencillo, a una familia se le donaba un cerdo y semillas y a lo que se comprometían era a donar a otra familia lo mismo que le habían dado a ella, una vez que estuviesen en condiciones. El asunto marchaba, de tal forma que habían reunido a más de cien familias en el territorio, con el inicio de unas pocas familias.
Dentro de las dificultades la más preocupante eran los jinetes de las grandes plantaciones que aparecían de vez en cuando y destrozaban las granjas. Pregunté: ¿En qué les puede afectar a los terratenientes esas pequeñas granjas? En la mano de obra, me respondió el guatemalteco.
Cuando el indígena pobre tiene un medio, aunque pequeño, lo suficiente, de subsistencia, la mano de obra se hace más cara. “Voy a trabajar a la plantación, pero debes de pagarme más” Si no tiene con qué subsistir, el terrateniente paga lo que quiere.
No es algo nuevo. No está cuantificada la riqueza acumulada por los grandes terratenientes de los siglos XVII y XIX por mor de la escavitud.
Es lo que sucede en España con los trabajadores.
¡Que exageración! ¡Por Dios, comparar la esclavitud y los sicarios de los terratenientes de Guatemala con nuestras relaciones laborales! ¡Qué burrada!
Desde luego no se puede comparar en la formas, pero...sí en los conceptos. Una gran masa laboral en espera de trabajo.
Las declaraciones de los directivos de las asociaciones empresariales lo dicen continuamente. Rebajar o incluso que desaparezca el salario mínimo interprofesional, el despido libe sin ningún coste (ahora hay despido libre pero con coste), unas leyes que impidan a los jueces emitir sentencias a favor de los trabajadores…etcétera.
Como decía hace dos días el presidente de los grandes empresarios “los supuestos derechos” que tiene un trabajador con treinta años de trabajo, deberían rebajarse, para que su hijo tuviese un trabajo mejor, un nuevo “contrato social” decía Rosell.
La negociación colectiva desapareció con la reforma laboral y el “mercado de trabajo” fluye como cualquier mercado de cualquier mercancía, que esa mercancía sean personas no es relevante...para la economia.
Los políticos que han hecho posible este estado de cosas y los empresarios que han empujado a que se haga, no son unos desalmados. ¡No!.  No quiero decir que sean unos canallas.
Lo que estoy diciendo es que para ellos es algo normal, las cosas son así, siempre ha sido así. Hay ricos y pobres, hay gente que tiene talento para unas cosas y otros para otras.

Dicen ellos:
No podemos malgastar esfuerzos y dinero en una parte de la población que por su herencia y por su forma de vivir no aspira a mucho más, la excelencia y la cultura y las formas de vida exquisitas no las puede tener todo el mundo. Desde luego que hay personas que salen de esa posición con voluntad y esfuerzo, pero son los menos y a esos hay que ayudarles y darles becas y promocionarles, pero desde luego no de una forma masiva.
La población es fundamentalmente solidaria y sabe qué hacer con sus pobres y desvalidos, no es cuestión de que lo haga el estado, pues se cuelan muchos vagos e indeseables en esos programas de ayuda. Parásitos de la sociedad.
Esto es lo que piensan los grandes empresarios y la derecha política que les apoya. Ellos tienen la fuerza, la moral, los medios de comunicación y las leyes. Además son los responsables directos de los paraísos fiscales.  
Eso de la “economía sumergida” es una cuestión del fontanero y el “chapuzas” que no pagan el IVA. No se habla nunca de la ingente cantidad de personas que contratadas y pagadas por seis horas trabajan nueve o la cantidad de jornaleros ilegales o no que trabajan por la mitad de lo mínimo o los que hacen trabajos en su casa para empresas y por los que no cotizan y pagan una miseria. Eso es parte de la oferta y la demanda de trabajo. ¡Es lo que hay!  
Los que formamos parte de la “mercancía” del “mercado de trabajo” vivimos bajo la ley de la oferta y la demanda.
¡Esto saltará por los aires! ¡Habrá una revolución! No es cierto.
En nuestra tipo de sociedad liberal y no social, el estado puede aguantar perfectamente un veinticinco e incluso un treinta por ciento de la población en la pobreza. La familia, las diversas asociaciones de caridad y otras campañas más o menos paliativas pueden hacer que la vida sea soportable para el resto de los treinta millones de habitantes, somos cuarenta y cuatro millones, la miseria puede ser invisible. Un estado asistencial es posible. Está muy lejos de lo que llamamos justicia social, podemos retroceder cuarenta años…pero…acaso hay conciencia social. 
No son los pobres los que pueden salir de esa situación es la clase media, culta y concienciada la que debe hacer que la justicia social sea una realidad.  
La idea de “lucha de clases”; conflicto social entre la clase dominante y la dominada. Dicen los interesados que es un  concepto antiguo y pasado de moda. Habrá que volverlo a poner de moda y reactivarlo pues el “mercado de trabajo” se asemeja cada día más a “mercado de mano de obra”. Los hombres y las mujeres convertidos en mercancía de subasta.

Una de dos, o los asalariados y autónomos y pequeños empresarios se organizan política, laboral y socialmente haciéndose dueños de un Estado que redistribuya la riqueza del país a través de los salarios, las cotizaciones (salarios indirectos) y los impuestos (educación, sanidad y servicios públicos) o caemos en un estado liberal (conservador o no) donde lo "asintencial" se imponga a lo social.