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11 oct 2014

LOS MISERABLES NECESITAN RATAS

Dante puso en el peor de los infiernos a los traidores. Ser traidor es una desgracia. Traidores en la historia hay muchos, son traidores de grandes dimensiones, traidores de estado. Otros traidores son los de “andar por casa”, los traidorzuelos, más que traidores son lameculos, chupa grifos, los chivatos de toda la vida, más que traidores son cobardes.

El último que he visto, ha sido hace tres o cuatro días, cuando el doctor Germán Ramírez, uno de los médicos que atiende a la auxiliar de enfermería ingresada en el Hospital Universitario La Paz-Carlos III de Madrid se planta ante los periodistas a las afueras del hospital y dice: "Esta mañana he revisado con ella toda la cadena de puesta del traje y su actividad dentro de la habitación, estaba muy confusa con tantas llamadas, pero ha reconocido que ha podido tocarse la cara al quitarse el traje” El médico no estaba solo, le acompañaba la subdirectora del hospital, un alto cargo del ministerio de sanidad y el jefe de prensa del ministerio de sanidad.

Imagínate que el médico que te atiende de una enfermedad, que puede ser mortal, que está allí, se supone animándote, lo que está haciendo es interrogándote sobre posibles errores cometidos por ti, que al final tú digas, posiblemente dudando, lo que quiere oír, que este se lo diga a la dirección del hospital y que después acuerden decírselo a la prensa.

Si la dirección del hospital, dentro de la investigación que debe seguir del protocolo, quería saber qué había sucedido no tenían más que ir a los registros de incidencias... ¿no tenían registradas las incidencias en el seguimiento estricto del protocolo? Si no había incidentes o estos no se habían registrado es que el protocolo no se cumplía y... eso no puede ser... los gestores siempre han dicho que el protocolo se cumplía...y los gestores no se equivocan.

Todo esto nos lleva a que la dirección y el consejero de Sanidad de Madrid necesitaban una rata, un traidor y ese fuera el doctor German Ramírez.

Una vez que el traidor hizo su trabajo ya estaba listo el consejero de sanidad de Madrid para excretar sus miserias. Ya estaban listos sus correveidiles de la Razón, ABC, Ángel Expósito, el espeso Merlos y el despreciable Jiménez Losantos  que dijo aquello de, refiriéndose a la auxiliar de enfermería con ébola: “en el pecado lleva la penitencia” ¡Por Dios! 

El culpable de todo este desaguisado no somos nosotros, es la auxiliar. ¡A por ella! ¡Se tocó la cara con el guante! ¡Que lo ha dicho ella misma al médico que la atiende!

En salud laboral hay un dicho: “Si en un accidente laboral el jefe sonrie es que ya ha encontrado a un culpable”




5 oct 2014

SUCEDIOME

Cuatro de octubre, sábado. Nueve de la mañana. Sin viento y buen sol. Un día maravilloso para andar, apenas quince grados. Remonto el Canal Imperial de Aragón por la orilla de la caja. Habitualmente voy por la orilla opuesta, no me apetecía la sombra. Por los auriculares sonaba una canción de Aznavour. Ron, mi perro, correteaba delante a unos ciento cincuenta metros. De repente veo que se envara y levanta la cabeza,  un poco más allá  una samoyedo blanca. Grito: ¡Quieto Ron! No me hace caso, corro hacia él todo lo que puedo. En ese momento aparecen a mi lado un grupo de cinco o seis mujeres en bicicleta, un conjunto excesivamente colorido y oigo a una que me dice con mucha guasa: ¡Corre que lo alcanzas! Otra: ¡Deja al perro que se divierta! Llego, cojo a mi perro del pescuezo para que dejase en paz a la pobre samoyedo, una linda perrita que estaba angustiándose. El grupo de mujeres se reía a carcajadas y aun logre entender un “…todos los machos son iguales”. Las conozco sé cuál es el tipo. Profesoras, enfermeras, técnicas de gestión…funcionarias, entre los cincuenta y cincuenta y cinco en buena forma y temibles en grupo cuando quieren divertirse... o desollar a alguien. He trabajado con ellas, lo más que puedes hacer es sonreír y levantar la mano abierta en señal de rendición. Las vi alejarse y sentí su cachondeo. La testosterona  le decía a mi cerebro algo así como: “…una a una… conmigo” y mi córtex replicaba con un: “… adelgaza”
A mis oídos llegaba la voz de Juiette Grecó. Seguí a lo mío…Catalunya, las tarjetas fantasmas, la izquierda, Betibú… ¡joder cómo está esa chavala que pasa corriendo!
Suena el teléfono. Mi compañera sentimental y de piso, antes se llamaba esposa. Llegaba de un crucero por el Adriático y había tenido un final desagradable, se había caído con resultado de fractura de radio, la trataron en Mesina, tratamiento provisional. La consolé, iba con buenos amigos entre ellos dos enfermeras además de ella misma. Mala noticia. Suspiré y me dije que nos tocaba una tarde de hospital. Lo más duro para ella.
Pensé en los horarios, a las ocho tenía que llevar a la pequeña, que comía con las amigas, al aeropuerto, se marchaba a Venecia cinco días. Bien, una cosa detrás de otra. Aun me quedaba tiempo para una sauna y prepararme un revuelto de setas, ya que estaba solo me abriría una botella del bierzo al que le habían puesto de nombre “pétalos”, estos viticultores han sido siempre muy poéticos. Se lo agradezco

Terminé el paseo pensando en escribir lo que hay me había sucedido. ¿Por qué no?