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14 mar 2017

UNA GRAN FAMILIA

La libertad de expresión es fundamental en cualquier sociedad que aspire a una democracia auténtica.
La violencia o la incitación a la violencia, deben de ser las únicas excepciones a la libertad de expresión.
Este mes de marzo la asociación “Hazte Oír” ha ejercido su derecho a la libertad de expresión Expresaban odio, mucho odio.

Esa expresión no puede ser cercenada, sino combatida.
Es una expresión de odio que está presente en la sociedad, en una parte muy importante de la sociedad.
Valores que quieren conservar, pese al sufrimiento de algunos, que no tienen porqué sufrir. No se atreven a salir de su sistema de confort, tienen miedo a salir de su mundo de “orden absoluto” Su verdad es una verdad única, que racionalizan de infinitas maneras, pero que no tiene ningún viso de racionalidad. No se atreven a ver las cosas como son y no como se las han contado toda la vida. Se mueven en valores (para ellos absolutos) de los que no quieren evolucionar.

No existe la ideología de genero. Ni siquiera teoría de género.
El género es un concepto. La definición de un fenómeno muy antiguo que aunque no se entienda, es muy simple.
Hay personas que se sienten realizadas y dichosas cuando tienen relaciones con personas de su mismo sexo.Esto no es antinatural ni es una enfermedad.
Hay personas que anatómicamente nacen con una especificación distinta de la que siente su personalidad, que aun teniendo pene se sienten mujeres, ya desde pequeños, o que teniendo vulva se sienten hombres. Pese a sus rasgos genitales, se sienten y son, hombres y mujeres  y además heterosexuales.
Esto no es antinatural, ni es una enfermedad, ni una anormalidad y los endocrinos y cirujanos lo único que hacen es adaptar el cuerpo a lo que realmente son, hombres o mujeres.
Estas situaciones se dan desde muy antiguo. Un pequeño ejemplo. Ha habido tribus que siempre han entendido el género como algo intrínseco de la humanidad, que alguien se sintiera distinto a lo que manifestaba su biología, no era ni anormal ni extraordinario y se aceptaba. En algunos casos como en los siux incluso se les atribuía acercamiento a los espíritus, pues poseen una intuición y sensibilidad, atributos que los demás no tenían o poseían en menor grado.

La asociación de “Hazte Oír” es intolerante con esas manifestaciones humanas y las trata como enfermedades, o les atribuye un carácter ideológico.
Está claro que no son enfermedades y que no tienen un carácter ideológico, solo es una descripción sociológica de un problema que no debería serlo si se acepta con normalidad. Hay ideologías (estas si que son ideología),como las ultraconservadoras, más si proceden de las religiones semíticas, que no aceptan esta situación absolutamente humana y natural. Ideologías intolerantes que nos les importaría que su moral se transforme en ley y que lo que sea pecado, para su moral, sea también delito, como sucede los estados deístas. Siempre han confundido reproducción con sexualidad, nunca han admitido que en la sexualidad haya placer sin reproducción. Y la mujer debe estar relegada a su papel de reproducción como la misión sagrada que le dió Dios. Su Dios, sus dioses.

Me parece extravagante que en esta situación haya padres y madres que griten como una exigencia, “A mi hijo lo educo yo”. Muy bien, eduque usted, pero tenga en cuenta lo siguiente: en una escuela no se puede negar la evidencia de lo que existe en sociedad y una persona no es una enferma por que no la encuadre en sus valores.
Las cosas son muy sencillas, muchísimo más sencillas de lo que aparentan, el problema está en que no se aceptan tales cosas. Hay miedo a lo que no se quiere entender, ni se admite y sobre ello se hacen elucubraciones. La frase, “si mi hijo va con un marica se volverá marica” es tan absurda como la de “si te bañas en la bañera donde un hombre ha eyaculado te puedes quedar embarazada”. Explicarle a un alumno lo que significa “la identidad de género” es tan doctrinario como explicarle que  la física cuántica nos demuestra cómo un mismo electrón puede estar en dos sitios al mismo tiempo.

Lo de la identidad de género es fácil.
Nace una persona y tenemos la costumbre de inscribirlo en un registro con un nombre y un sexo. Como no tenemos ninguna referencia nos fijamos en sus rasgos genitales y decimos: “es hombre o mujer”. Con el tiempo esa persona se da cuenta que aunque tenga pene es una mujer o que teniendo vulva es una hombre. ¿Cual es el problema?, ninguno. El género no lo marca la biología, sino el sentimiento, la persona será lo que siente en lo más profundo, independientemente de su anatomía, a pesar de su anatomía.
Los problemas son sociales, lo inadecuado es la poca aceptación que tienen en la sociedad, la enfermedad viene del rechazo, la persona transxesual no es un enfermo sufre una enfermedad por culpa de sus congéneres que le rechazan, muchos le odian, algunos le maltratan, le insultan y le pegan, se duelen por la violencia.   

Una persona puede contar una historia como esta:
“Ya ves el día del registro nos confundimos, no es María es Ricardo Resulta que teníamos Tres hijos y tres hijas. Ahora tenemos cuatro hijos y dos hijas. Además nos ha dicho Juan,  el más pequeño que tiene novio (ya era hora de que sentase la cabeza, me tenía preocupado). El único problema que tenemos en la familia es que hay uno más en la mesa los domingos. Tengo cinco hijos, cuatro hombres y dos mujeres, cuatro heterosexuales y dos homosexuales. No os había dicho que Begoña, la mayor, se casó con una chica majísima, adoptaron a un niño,Javier, el único nieto que tenemos, por ahora. Somos una gran familia.