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7 mar 2011

LAMUERTE Y EL CONOCIMIENTO II



Después de la muerte.
La caricia de una prenda especial, su textura nos incita al recuerdo; un olor, un gesto, la sonrisa de aquel día o incluso la forma que tenía de reír,  un viaje, una foto, sus silencios, la carta manuscrita, el disgusto de los días que no nos hablamos, esa sensación de culpabilidad, la mirada de alegría ante las sorpresas, la mirada de ternura, aquella lágrima escondida que vimos alguna vez...  ahora, todos son recuerdos y solo recuerdos, nada más que recuerdos.
Están las grandes personas aquellas que dejaron discípulos y seguidores, la persona de los grandes hechos y los grandes pensamientos, todo lo que hay de ellos son recuerdos, ellos ya no existen. La historia tambien revisará esos recuerdos.
Tambien están las personas desconocidas que echamos de menos cuando nos enteramos de su muerte...  la señora que nos vendía la fruta, el quiosquero que nos vendía el periódico, el mendigo de la misma esquina, el señor de la barba del autobús. Recuerdos, recuerdos, solo recuerdos.
Ellos, ninguno de ellos está, no existen, solo existimos nosotros y en nosotros sus... recuerdos, que con el tiempo se irán diluyendo, cambiando, adaptándolos a nuestra propia historia. Nuestro "yo" cambiará el recuerdo, lo cambiará  en historia personal. Diremos que hablábamos de esto o de aquello con el señor de los periódicos, cuando en realidad apenas pasamos de los buenos días. Nos referiremos  al señor del autobús como  un profesor de física que habia escrito mas de 50 libros cuando en realidad nunca hablamos con él, aunque le veíamos a menudo. La memoria con el tiempo queda distorsionada por nuestra propia historia a veces inconscientemente. Una elucubración posterior, a veces consciente para adaptar el recuerdo al discurso de  nuestra historia. Lo hacemos con los recuerdos propios; ¿Porqué no hacerlo con los de los muertos?
Sin embargo los muertos no existen, son el no-ser. Para algunos la cosa queda ahí no hay más. Para otros el hombre trasciende su propio ser
El hombre es el único animal que tiene conciencia de que puede morir, de que va ha morir, desde siempre a los muertos se les ha respetado, los enterramientos desde que tenemos constancia de que el hombre está en la tierra son un hecho, y desde entonces tambien se sabe que cuando se deja de respirar se está muerto. Falta el aliento. A ese aliento se le llama de muchas formas y tiene un destino distinto que además tiene implicaciones morales.
Pero de eso hablaremos en el próximo capítulo.

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