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12 ago 2014

¡DEMAGOGIA!...DICEN

Este verano he escuchado dos palabras: Gaza y Ébola.

Gaza
De parte de los palestinos. En contra de los sionistas. El sionismo es una ideología perversa y mezquina que domina el estado de Israel. El sionismo,  con la falta de criterio de las naciones europeas, se adueñó del dolor del pueblo judío después de la segunda guerra mundial. Israel se convirtió en un estado comandado por sionistas. Histórica, jurídica y moralmente los palestinos tienen razón. No valen las excusas de terrorismo. Cualquier palestino de gaza entre los dieciséis años y los veinticuatro tienen razones evidentes y sin discusión para odiar al estado de Israel, el bloqueo de Gaza durante los últimos ocho años ha sido, es, atroz. El sionismo debe desaparecer de la vida de los humanos.

Ébola
El ébola es un virus que mata. El paciente entre fiebre y dolores musculares muere de las hemorragias que produce. Las hemorragias, la fiebre los dolores musculares, los vómitos…todo ello son síntomas, el que mata es el virus ébola.

El ébola es un síntoma, lo que mata es el capitalismo.

-¡Vaya! Eso es demagogia y manipulación. El capitalismo ha traído riqueza. Usted dirá que es mejor el comunismo que sólo es tiranía y pobreza.

Recuerdo una frase estupenda: “El comunismo ha fracaso desde un punto de vista histórico, pero los problemas que pretendía resolver todavía continúan.”
Esto es así. El capitalismo solo produce riqueza a unos pocos. Fue después de la segunda guerra mundial, las políticas de Inglaterra, después del informe de mil novecientos cuarenta y dos de William Henry Beveridge, hacen que en Europa se controle el capitalismo a través de una redistribución de la riqueza. Con Reagan y Thatcher la desregulación ha sido brutal y volvemos a la desigualdad social.

En África las políticas socialistas del control de la riqueza no llegaron nunca. África es un continente rico empobrecido por el capitalismo. Donde el ébola es el menor de sus problemas y para ser más exactos es un problema para los europeos. El ébola sino pudiese llegar a occidente, occidente no se preocuparía del tema.

Sierra leona está llena de diamantes y el diez por ciento de la riqueza de coltán (mineral imprescindible para los móviles) del mundo. ¿Quién se queda con los beneficios de esa inmensa riqueza? Se ven imagines de la población enferma en el suelo.

Todos los países que integran lo que fue la antigua colonia “El Congo Belga” ha sido protagonista de una guerra en la que, entre afectados directos e indirectos, han muerto, desde mil novecientos noventa y ocho, más de cinco millones de personas por el control del uranio, de la madera y últimamente del coltan. El control del coltan está siendo especialmente cruento.

La historia de esa parte del mundo es la historia del capitalismo, culpable de la pobreza… y esta del hambre y de las enfermedades (perfectamente curables) y de la muerte.

El capitalismo es el culpable de la desigualdad, no solo en África sino en Asia (India) y América (Haití, Honduras e incluso Paraguay). Solo son ejemplos paradigmáticos de “democracias liberales” y capitalistas.

-¡Gobiernos corruptos tienen la culpa! ¿Quién los corrompe? ¿Quién depone a los gobiernos honrados?
-¡Libertad! Proclaman algunos filósofos del capitalismo. ¡Libertad frente a los Estados! Gritan. No dicen que la libertad solo existe cuando se ejerce y tan sólo los que tienen dinero pueden ejercer esa libertad en un mundo capitalista.
-Oiga no sea demagógico. Proponga un sistema alternativo.

Es tan fácil como explicar los movimientos de la piezas del ajedrez y tan difícil como saber jugar. Impuestos justos y progresivos. Penalizar internacionalmente los paraísos fiscales. Redistribución de las riquezas a través de la educación pública, la sanidad pública, la justicia independiente y gratuita, las pensiones a inválidos y mayores y el control exhaustivo de los gobiernos en el gasto del dinero público. No se trata nunca de repartir, se trata siempre de redistribuir.

Hay bibliotecas y sabios que lo han escrito sobre la justicia social y la distribución de los bienes desde que el hombre inventó la escritura.
Grito, una vez más, como Gregorio Nacianceno en el siglo IV:
¡Malditos aquellos que cagan en orinales de oro, mientras otros se mueren de hambre!   


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