Dante puso en el peor de los
infiernos a los traidores. Ser traidor es una desgracia. Traidores en la
historia hay muchos, son traidores de grandes dimensiones, traidores de estado.
Otros traidores son los de “andar por casa”, los traidorzuelos, más que traidores
son lameculos, chupa grifos, los chivatos de toda la vida, más que traidores
son cobardes.
El último que he visto, ha sido
hace tres o cuatro días, cuando el doctor Germán
Ramírez, uno de los
médicos que atiende a la auxiliar de enfermería ingresada en el Hospital
Universitario La Paz-Carlos III de Madrid se planta ante los periodistas a las
afueras del hospital y dice: "Esta mañana he revisado con ella toda
la cadena de puesta del traje y su actividad dentro de la habitación, estaba
muy confusa con tantas llamadas, pero ha reconocido que ha podido tocarse la
cara al quitarse el traje” El médico no estaba solo, le acompañaba la
subdirectora del hospital, un alto cargo del ministerio de sanidad y el jefe de
prensa del ministerio de sanidad.
Imagínate que el médico que te atiende de una enfermedad, que puede ser mortal,
que está allí, se supone animándote, lo que está haciendo es interrogándote
sobre posibles errores cometidos por ti, que al final tú digas, posiblemente
dudando, lo que quiere oír, que este se lo diga a la dirección del hospital y que
después acuerden decírselo a la prensa.
Si
la dirección del hospital, dentro de la investigación que debe seguir del
protocolo, quería saber qué había sucedido no tenían más que ir a los registros de incidencias... ¿no tenían registradas las
incidencias en el seguimiento estricto del protocolo? Si no había incidentes o estos no se habían registrado es que el
protocolo no se cumplía y... eso no puede ser... los gestores siempre han dicho que el protocolo se cumplía...y los gestores no se equivocan.
Todo
esto nos lleva a que la dirección y el consejero de Sanidad de Madrid
necesitaban una rata, un traidor y ese fuera el doctor German Ramírez.
Una
vez que el traidor hizo su trabajo ya estaba listo el consejero de sanidad de
Madrid para excretar sus miserias. Ya estaban listos sus correveidiles de la Razón, ABC, Ángel Expósito, el espeso Merlos y el despreciable Jiménez Losantos que dijo aquello de, refiriéndose a la
auxiliar de enfermería con ébola: “en el pecado lleva la penitencia” ¡Por Dios!
El culpable de todo este desaguisado no somos nosotros, es la auxiliar. ¡A por ella! ¡Se tocó la cara con el guante! ¡Que lo ha dicho ella misma al médico que la atiende!
En
salud laboral hay un dicho: “Si en un accidente laboral el jefe sonrie es que ya
ha encontrado a un culpable”
Y por encima de todo, ¡qué desgracia, qué dolor, qué soledad ante el mundo la de Teresa y su marido!
ResponderEliminarCuando me he enterado de las declaraciones de estos tres impresentables me han entrado ganas de vomitar.
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