Cuatro de octubre, sábado. Nueve
de la mañana. Sin viento y buen sol. Un día maravilloso para andar, apenas quince
grados. Remonto el Canal Imperial de Aragón por la orilla de la caja.
Habitualmente voy por la orilla opuesta, no me apetecía la sombra. Por los
auriculares sonaba una canción de Aznavour. Ron, mi perro, correteaba delante a
unos ciento cincuenta metros. De repente veo que se envara y levanta la cabeza,
un poco más allá una samoyedo blanca. Grito: ¡Quieto Ron! No me
hace caso, corro hacia él todo lo que puedo. En ese momento aparecen a mi lado
un grupo de cinco o seis mujeres en bicicleta, un conjunto excesivamente colorido
y oigo a una que me dice con mucha guasa: ¡Corre que lo alcanzas! Otra: ¡Deja
al perro que se divierta! Llego, cojo a mi perro del pescuezo para que dejase
en paz a la pobre samoyedo, una linda perrita que estaba angustiándose. El
grupo de mujeres se reía a carcajadas y aun logre entender un “…todos los
machos son iguales”. Las conozco sé cuál es el tipo. Profesoras, enfermeras,
técnicas de gestión…funcionarias, entre los cincuenta y cincuenta y cinco en
buena forma y temibles en grupo cuando quieren divertirse... o desollar a
alguien. He trabajado con ellas, lo más que puedes hacer es sonreír y levantar
la mano abierta en señal de rendición. Las vi alejarse y sentí su cachondeo. La
testosterona le decía a mi cerebro algo
así como: “…una a una… conmigo” y mi córtex replicaba con un: “… adelgaza”
A mis oídos llegaba la voz de
Juiette Grecó. Seguí a lo mío…Catalunya, las tarjetas fantasmas, la izquierda,
Betibú… ¡joder cómo está esa chavala que pasa corriendo!
Suena el teléfono. Mi compañera
sentimental y de piso, antes se llamaba esposa. Llegaba de un crucero por el Adriático
y había tenido un final desagradable, se había caído con resultado de fractura
de radio, la trataron en Mesina, tratamiento provisional. La consolé, iba con
buenos amigos entre ellos dos enfermeras además de ella misma. Mala noticia.
Suspiré y me dije que nos tocaba una tarde de hospital. Lo más duro para ella.
Pensé en los horarios, a las ocho
tenía que llevar a la pequeña, que comía con las amigas, al aeropuerto, se
marchaba a Venecia cinco días. Bien, una cosa detrás de otra. Aun me quedaba
tiempo para una sauna y prepararme un revuelto de setas, ya que estaba solo me abriría
una botella del bierzo al que le habían puesto de nombre “pétalos”, estos
viticultores han sido siempre muy poéticos. Se lo agradezco
Terminé el paseo pensando en
escribir lo que hay me había sucedido. ¿Por qué no?
Fede mejor no levantarse de la cama
ResponderEliminarEs lo primero que te leo en este blog, y he de confesar que me ha gustado tu estilo, de pinceladas sueltas y trazo firme. (La crítica severa ya te la haré por privado).
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