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5 oct 2014

SUCEDIOME

Cuatro de octubre, sábado. Nueve de la mañana. Sin viento y buen sol. Un día maravilloso para andar, apenas quince grados. Remonto el Canal Imperial de Aragón por la orilla de la caja. Habitualmente voy por la orilla opuesta, no me apetecía la sombra. Por los auriculares sonaba una canción de Aznavour. Ron, mi perro, correteaba delante a unos ciento cincuenta metros. De repente veo que se envara y levanta la cabeza,  un poco más allá  una samoyedo blanca. Grito: ¡Quieto Ron! No me hace caso, corro hacia él todo lo que puedo. En ese momento aparecen a mi lado un grupo de cinco o seis mujeres en bicicleta, un conjunto excesivamente colorido y oigo a una que me dice con mucha guasa: ¡Corre que lo alcanzas! Otra: ¡Deja al perro que se divierta! Llego, cojo a mi perro del pescuezo para que dejase en paz a la pobre samoyedo, una linda perrita que estaba angustiándose. El grupo de mujeres se reía a carcajadas y aun logre entender un “…todos los machos son iguales”. Las conozco sé cuál es el tipo. Profesoras, enfermeras, técnicas de gestión…funcionarias, entre los cincuenta y cincuenta y cinco en buena forma y temibles en grupo cuando quieren divertirse... o desollar a alguien. He trabajado con ellas, lo más que puedes hacer es sonreír y levantar la mano abierta en señal de rendición. Las vi alejarse y sentí su cachondeo. La testosterona  le decía a mi cerebro algo así como: “…una a una… conmigo” y mi córtex replicaba con un: “… adelgaza”
A mis oídos llegaba la voz de Juiette Grecó. Seguí a lo mío…Catalunya, las tarjetas fantasmas, la izquierda, Betibú… ¡joder cómo está esa chavala que pasa corriendo!
Suena el teléfono. Mi compañera sentimental y de piso, antes se llamaba esposa. Llegaba de un crucero por el Adriático y había tenido un final desagradable, se había caído con resultado de fractura de radio, la trataron en Mesina, tratamiento provisional. La consolé, iba con buenos amigos entre ellos dos enfermeras además de ella misma. Mala noticia. Suspiré y me dije que nos tocaba una tarde de hospital. Lo más duro para ella.
Pensé en los horarios, a las ocho tenía que llevar a la pequeña, que comía con las amigas, al aeropuerto, se marchaba a Venecia cinco días. Bien, una cosa detrás de otra. Aun me quedaba tiempo para una sauna y prepararme un revuelto de setas, ya que estaba solo me abriría una botella del bierzo al que le habían puesto de nombre “pétalos”, estos viticultores han sido siempre muy poéticos. Se lo agradezco

Terminé el paseo pensando en escribir lo que hay me había sucedido. ¿Por qué no?         

2 comentarios:

  1. Es lo primero que te leo en este blog, y he de confesar que me ha gustado tu estilo, de pinceladas sueltas y trazo firme. (La crítica severa ya te la haré por privado).

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