Hoy he visto a mi poeta. Estaba
abatido, triste, desalentado. Apenas
hablamos. Se está muriendo la ilusión, me dice. Media sonrisa desleida en su rostro. Haremos renacer la ilusión, susurra, como despedida.
Le conocí no hace mucho. Tomaba
café, pasó a mi lado y se le cayeron unas hojas, me agaché a recogerlas y leí en ellas una frase
que estaba en negro y extra grande, como un rótulo. “No mires al sol, te cegará”.
Una frase que era de él, aunque pareciese de almanaque, pero que en las redes
sociales las firma un poeta (de los conocidos) o un monje budista y se hacen virales
Entre "gracias", "no hay de que" y otras, se quedó
conmigo. Nos presentamos, hablamos, habló él. Soy poeta me dijo. Le miré con
sorpresa añadió: no vivo de ello, sólo escribo. Me enseño escritos. No entiendo
nada de poesía, pero me pareció malo, muy malo.
Sin Embargo me entusiasmaba como
hablaba de sentimientos, del amor. Era la pasión y la ternura. Hablaba de la
belleza con alegría. Era un entusiasta de la vida. Nos encontramos alguna vez. Las pocas veces que he hablado con él siempre
me he divertido, algo he aprendido.
Hablo en pasado hoy he visto al nombre, no he
visto al poeta. No existía. Espero que se recupere. Me gusta el personaje.
Los poetas, los anónimos, viven
de sus sueños. Los sueños de los poetas
anónimos siempre están amenazados.
Los quieren encarcelar- a los sueños de los poetas- porque son raros, no están en las conversaciones de la burguesía dominante ni de ninguna otra clase. Hay
que reprimir los sentimientos y domesticar las ilusiones y estas sean
aceptadas. No se puede hablar de
sentimientos impunemente. Los sentimientos son íntimos y personales, no se
airean. Los entimientos son aceptables en una conferencia. No es correcto fatigar a un
compañero con tu tristeza. Le puedas hablar de tu esposa que “no te entiende”.
El cotilleo es aceptable. Podemos hablar de lo que sienten los demás sobre todo si no estan presentes, expresar los de cada cual es muy, muy dificil.
A los poetas hay que
estimularlos. Es difícil, se necesita valentía, sensibilidad. Un poeta es algo
duro de conllevar, son frágiles, hay que cuidarlos. Exige empatía, alimentar
sus sueños, darles ilusión, se agotan con facilidad. La gente tienen su propio mundo
de dicha y un poeta puede erosionar ese mundo. Los poetas son exigentes y
posesivos.
Los poetas son como las flores, necesitan de
cuidados, pero a cambio nos dan belleza, la cotidiana, la de todos los días. Los
poetas de los libros, son eso…de los libros. Escaparate. No sirven para
percibir la belleza, hablando, en la terraza de un café o dando un paseo, para eso es mejor ser poeta, aunque no se sepa escribir.
Los revolucionarios tienen la
voluntad de luchar por un mundo más libre y justo, una utopía (un “puede pasar").
Los poetas luchan por un mundo
más bello y más generoso, una quimera (un “jamás”)
Se necesitan revolucionarios y
poetas.
