“Un
volquete de putas”, es la frase que se oye en alguna conversación
de la llamada trama “Púnica”, un enredo de corrupción entre
algunos políticos y empresarios, donde con dinero público se pagan
los sobre costes de infraestructuras sobre dimensionadas o que no se
necesitan.
Eso
da idea del desprecio, que algunas élites políticas y económicas,
sienten por la mujer.
También
da idea de que en España hay dinero.
Una
joven gana ochocientos euros al mes por un trabajo de cuarenta horas
semanales y aun hay quien la dice: “No te quejes que con la crisis
que hay, tienes suerte”, es el efecto de la desinformación que los sicarios informativos nos lanzan como lluvia fina para que cale hondo, miserables.
Nuestro
presidente de gobierno, Rajoy hace un discurso el ultimo día del año
pasado y te das cuenta que vive en el “País de Alicia”. No es
tonto, o sea que le da lo mismo, la desigualdad tan enorme que hay en
España, donde los ricos son cada vez mas ricos y los pobres cada vez
son más pobres.
Mark
Twain, escribía “Lo que te crea problemas no es lo que
no sabes. Es aquello que estás seguro de saber pero es falso”.
Esto le pasa a buena parte de la clase media, cada vez más menguante, cómplice de la
élite económica con la esperanza (nunca conseguida) de vivir como ellos, aunque implique
sufrimiento a los demás. “No hay alternativa” dicen.
En esa linea de pensamiento, Susana Diez traicionó a las izquierdas en las elecciones autonómicas
andaluzas y después traicionó a la socialdemocracia con Page y Vera
conspirando y convirtiendo en cadáver político a Pedro Sánchez.
La
izquierda dividida. Sólo nos queda la indignación de las “mareas”
y dos alcaldesas y dos alcaldes (Barcelona Madrid, Santiago y Valencia) que nos dan un hilo de esperanza
Se
puede gestionar la "cosa pública" desde la izquierda y se puede hacer
bien.
Me
avergüenza el jefe del estado de mi país, el rey Felipe VI y su
discurso de Noche Buena, cuando habla de que no hay que abrir heridas.
¿Cuando se han cerrado en España las
heridas que según usted no hay que abrir?
Me
adhiero a los deseos de un poeta, Luis García Montero, cuando en su
articulo del domingo uno de enero en Info libre dice:
"El
rey aludió con voz firme a la tecnología. Los discursos navideños
han aprendido de ella a crear realidades virtuales capaces de negar
la realidad histórica, el mundo de carne y hueso.
¿Y
qué puede hacer un poeta? Cuando los reyes se ponen líricos, me
parece oportuno que los poetas se nieguen a compartir sus coronas.
Nada hay más poético que la realidad de la gente que sufre bajo el
manto navideño de los poderosos. Os deseo un 2017 lleno de
conflictos, sin serenidad, sin consensos amañados, sin mentiras, sin
patrias, sin dioses, sin reyes, sin tribunos.”
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