Archivo del blog

9 sept 2012

SUICIDIO COMO SOLUCIÓN EXISTENCIAL


Hay suicidas fanáticos, los japoneses de la segunda guerra mundial, los yihadistas. Son suicidadas irreflexivos, sin inteligencia. Están los románticos, son suicidadas egoístas, son incapaces de afrontar una realidad distinta de la de sus sueños, son cobardes. Están los suicidas patológicos, los depresivos, los desesperados, no saben lo que hacen, ven en el suicidio la curación a un dolor que ya no pueden resistir.

Yo quiero hablar del suicidio lúcido, reflexivo, voluntario, aquel que se ha decidido mediante un razonamiento en que la existencia carece de sentido.

La existencia que vives está   falta de sentimientos: la compasión, el afecto, la alegria o la tristeza no son más que conceptos que se hablan o  escriben, pero  no existen. El respeto... se ha olvidado su significado... se ridiculiza en las películas de mafiosos asemejándolo al miedo. La excelencia o la sabiduría no tienen crédito frente a la charlatanería de los medios de comunicación, donde triunfan los timadores de la sabiduria. Lo que vives  alrededor  es el desorden, la mediocridad. El que tiene un talento apenas se esfuerza por mantenerlo, el que carece de alguna habilidad no tiene ningún interés por adquirirla.

La ética es una quimera y cada uno parece decir: “Yo  mi vida la vivo como quiero” ,sin consecuencias, sin deberes. Todo el mundo lo acepta sin cuastionamientos éticos. La libertad no obedece a la inteligencia, si no a los instintos. (Tal vez exista una moral, una costumbre, pero sin un cuestionamiento ético)

Sartre decía que delante de un niño que se muere de hambre toda esto es una mierda, pero la verdad es que cada vez hay más personas  (en un aumento exponencial) cuya baja autoestima les hace imposible reaccionar. Son esclavos o al menos siervos de una sociedad viciada. Es un veneno que se apodera de todos nosotros como la niebla se apodera del valle, lenta pero inexorable.  Todo lo hace oscuro y viciado.  Los sentidos se ven saturados por una existencia  individualista, egocéntrica, competitiva, sin escrúpulos, sin compasión, salvaje.  Solo el más fuete sobrevive Todo es gris, no hay matices, no hay colores, la existencia es monótona. Las luces de colores, las caras pintadas... la satisfación es superficial, decadente y profundamente artificial. Las muecas, los ojos saltones y las lenguas fuera no son rebeldía…son extravagancia.

 La existencia ha dejado de tener sentido.

La religión cristiana habla de la vida, pero Jesús que era hombre y era Dios, sabía que iba a morir y se entregó a su muerte. En la oración de los olivos él no quería y pidió no beber de ese cáliz, pero era necesaria su muerte, fue un suicidio lúcido y necesario, debía de morir si quería resucitar. No existe la religión católica si no es por la Resurrección. Es lo único que le da sentido. Es increíble que en el noventa por cierto de los templos se represente el símbolo del catolicismo como el de la cruz, el de la muerte y no el de la Resurrección (en la iglesia de los Salesianos de Santander, el templo está regido por un gran Cristo Resucitado, ¡bien por ellos!)

Cuando la existencia no es válida, cuando en ella no puedes ser, cuando ello es fruto de la reflexión y ese razonamiento te lleva al suicidio, creo, pienso, asevero…  ese suicidio es éticamente adecuado.

He visualizado mi suicidio muchas veces. No hay dolor. Dos pastillas de Sintrom para aumentar de forma casi irreversible la coagulabilidad de la sangre, una cuchilla fina, una sauna caliente donde tus músculos estén relajados y el calor deje en blanco tu mente, un corte limpio fuerte, tres centímetros por encima de la muñeca para que la arteria radial quede seccionada y salga la sangre a borbotones rápidos porque el calor acelera el ritmo cardiaco, te iras durmiendo como en un sueño agradable hasta que la existencia deje de ser.

¡Cuántas veces lo he imaginado! Y en medio de la escena siempre me surge una pregunta: ¿Cuáles son las consecuencias de mi muerte?

Fui testigo de una reunión de personas, teníamos en común  ser amigos de una mujer que se acababa de suicidar. Lloros, poesías, recuerdos de su vida…solo me llamo la atención un hombre que llorando y enfadado gritaba: ¡Me has hecho una putada marchándote!

¿Cuáles son las consecuencias de mi muerte?

Cuando conteste a esa pregunta volveré a plantearme las condiciones de mi existencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario