Noche Buena. Las circunstancias habían querido que esa noche estuviese
solo. No estaba triste, ni melancólico, Solamente estaba solo. Yo también quise
hacerme cena, lo que me gustaba: patatas fritas, huevos fritos, pimientos del
piquillo con ajos fritos lentamente durante tiempo, pan de espelta, una botella
de gran reserva de Ribera de Duero y de postre un trozo de Idiazabal ahumado.
No había nada en la televisión, la apague y comí con lentitud saboreando; con
el último trozo de queso y pan se acaba el vino. ¡Qué gran maridaje hace ese
trio!
Tenía un libro sobre el sofá, pero me encontraba muy pesado y con calor,
excesivamente satisfecho. Miré por la ventana, niebla espesa. El abrigo, una bufanda,
la txapela...y a la calle. Oscuridad,
silencio y frio en la cara…estimulante.
Andando vi de repente una luz difusa al fondo de la calle. Me acordé, la iglesia,
fui hacia allí, vi como unas sombras humanas se desplazaban hacia la luz que
las tragaba limpiamente.
La misa de Gallo. ¿Cuánto tiempo hacía que no iba a misa de Gallo? Fui
hacia la luz. La iglesia era grande y moderna, como el barrio, de los años 70.
Mucha gente. Nunca me gustaron esas misas tan ceremoniosas con tanta gente. Me
senté en los bancos de atrás mientras me acordaba de la Náusea de Sartre; el
protagonista describía cual antropólogo,
como los burgueses iban al templo los domingos y se arrodillaban delante de un
hombre que bebe vino.
Me gustaban las misas en comunidad, de poca gente, participativas. Vino a
mi memoria aquellas misas durante mi internado en los Salesianos, castigado a ayudar
a misa con aquel cura viejo que decía, aun después del Vaticano II, la misa
tridentina y yo su monaguillo. El último evangelio, la palmatoria, la
inclinación en el Yo Pecador, el levantamiento de casulla, la limpieza de la
patena, las vinajeras y el sonar de la campanilla aunque estuviésemos solos en
aquella iglesia a las siete de la mañana.
Todo eran ritos y símbolos que aquel cura viejo y sabio día a día durante
casi dos años me fue enseñando. Entonces comprendí lo importante que son los
ritos y los símbolos y de dónde venían y cuál era su primer significado, que
fue perdiéndose a lo largo de los siglos y que era preciso saberlos para
entender de donde veníamos y porqué hacíamos lo que hacíamos. Aquél cura me
enseñó mitología y me instigó a estudiarla.
En aquellas ensoñaciones estaba, cuando oí al sacerdote de aquella misa de
gallo hablar de la “necesidad de que Jesús sea Dios y de que resucitase”. Me
entusiasmo aquello, hacía mucho tiempo que no escucha hablar así.
Era necesario que ese Jesucristo fuese Dios porqué encarnaba la creación. Jesús
eran el centro del universo, era el conocimiento, no se encarnó para salvarnos
de vete tú a saber que pecado original, sino porque éramos una parte de la
creación que podía acceder al conocimiento total.
Ese Jesucristo da trascendencia a la historia que los hombres conocíamos.
Esa trascendencia era la que yo necesitaba para que todo tuviese sentido, un sentido
que superaba el absurdo de Camus buscando un absoluto, porque esa trascendencia
procedía de mi necesidad existencial y me la daba la reencarnación de Dios en
el universo a través de Jesús. Un paso más allá de la historia del hombre
dentro de ese infinito que no tenía principio, ni tendrá fin.
En esas elucubraciones estaba cuando
noté el calor intenso que hacía en mi casa, me despoje de mi ropa.
Encendí una vela que tenía en el salón. Un homenaje a los símbolos.
Me senté y cogí el libro, busqué un párrafo en el que el autor, era una
obra autobiográfica de un luchador de izquierda, hablaba de la Noche Buena en
el exilio con familiares; socialistas, comunistas y anarquistas, se reunían esa
noche en cena familiar.
Eran hombres y mujeres, trabajadores, honrados y luchadores con capacidad
para sufrir y soñar, leídos más que instruidos, eran solidarios y si en
cualquier momento surgían diferencias se resolvían, a veces con enfado, nunca con
rencor.
Celebraban la Noche Buena, no por su simbolismo religioso, si no por
simbolismo cultural, de costumbre española, de reunión de familia, de nostalgia
de una tierra y unas ilusiones que les habían arrebatado a sangre y fuego. Ellos
solo querían justicia y libertad.
Y visualizando lo que sería esa cena de Noche Buena con sus villancicos y
risas y lágrimas…sin pensar en la trascendencia del universo, solo en su sueño
de libertad, me quede dormido a la luz de mi vela.
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