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18 ene 2013

DOS ALUMNAS DE DIECISIETE AÑOS

Ana Lahoz y Eva Echezarreta han escrito un artículo sobre la Ley de Educación, para una revista del instituto. Tienen diecisiete años y estudian segundo de bachillerato en el instituto Miguel Catalan de Zaragoza. Me ha gustado su artículo. Os lo transcribo literalmente.

 
 
La educación que viene: una competición al servicio de las elites

La nueva ley educativa propuesta por el ministro Wert y el gobierno del PP supone un retroceso en la calidad de la enseñanza. El objetivo último de esta reforma educativa es la formación de trabajadores sometidos a un sistema económico muy concreto: el neoliberalismo; y no obtener promociones de alumnos con una base cultural e intelectual suficiente que les permita ser personas críticas y activas en la sociedad.

Se proponen diferentes pruebas a lo largo de todo el proceso educativo, tanto en primaria y secundaria como en Bachillerato, cuyos “criterios de evaluación y características generales […] serán fijadas por el gobierno para todo el Sistema Educativo Español”. Es decir, el actual modelo de segundo de Bachillerato será repetido en el resto de ciclos. Esto conlleva que los profesores se verán obligados a dar un temario determinado establecido por el gobierno central y que, por lo tanto, como ya ocurre en la actualidad, con el temario marcado por la PAU, no puedan aplicar los profesores sus propios criterios educativos ni atender a las necesidades particulares de cada alumno ante la presión que supondrá la necesidad de dar todo el temario para poder afrontar con garantías la reválida correspondiente.

Además, cabe señalar que el hecho de aplicar dichas pruebas favorece únicamente la capacidad memorística de los alumnos y no su capacidad crítica o racional, e incluso es un impedimento para desarrollar la creatividad de los alumnos.

Lejos de ser una reforma que fomente la base cultural de los alumnos y alumnas, lo único que busca es enmarcarlos en un determinado campo laboral: ya desde el comienzo de la educación secundaria los profesores orientan a los estudiantes según sus aptitudes hacia un campo educativo u otro, similar al estilo alemán. Por tanto, no se fomenta la mejora general del individuo ni se le ofrece el suficiente apoyo en las materias en las que encuentra mayor dificultad.

Una ley, además, antidemocrática, que relega al Consejo Escolar a un mero órgano consultivo otorgándole poder absoluto al equipo directivo en la aprobación de la programación escolar.

Por otro lado, y tal y como ha denunciado, entre otros, el Sindicato de Estudiantes, se trata de un modelo educativo al servicio de las elites económicas del país que, bajo una lógica que convierte nuestra educación en una competición, saldrán claramente beneficiadas. Así, por ejemplo, la ley que impedía comparar centros y estudiantes según sus resultados es suprimida, fomentando así la competitividad entre ellos. Los centros cuyos estudiantes obtengan mejores resultados académicos podrán especializarse y recibirán más recursos por parte de la Administración, de modo que los alumnos que por cualquier motivo (socioeconómico, familiar, físico-psíquico) obtengan peores resultados quedarán excluidos de las oportunidades económicas que pueda brindar el Gobierno o el propio centro educativo.

Podemos presuponer que los centros que seleccionan al alumnado mediante diversos mecanismos (enseñanza privada), obtendrán como consecuencia mayor presupuesto. Una salida muy típica de la derecha más rancia que beneficia lo privado por encima de lo público.

Como conclusión, es una reforma educativa que –tal y como señala el propio borrador de la ley- “promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país”, en vez de invertir en que todas las personas, al margen de sus condiciones personales, puedan desarrollar plenamente todas sus facultades académicas y sociales.

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