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28 abr 2015

HIPOTÁLAMO

El insomnio se ha apoderado de mí. 
Las células piramidales, que controlan la voluntad, están cansadas. Domina  el hipotálamo y los instintos hacen firme su presencia. La cultura, las costumbres y todo aquello que les coarta está en descanso.
En ese momento de vigilia estás lúcido, vivo e intenso en el deseo.
Repite el cerebro diez veces las ideas para que las manos puedan escribirlas. Va muy deprisa. El dopaje está en el deseo.   
Yo te amo a ti y tú a mí no. Yo soy tuyo, tú no eres mía.
Malditos  mis controles anímicos y de comportamiento
¿Dónde están los poetas que me dicten las palabras para enarbolar tu corazón?
¿Cuál es el trance más oportuno para que tu cuerpo tiemble con mi abrazo?
¿Qué armas necesito para rendir tu  alma?
Quiero ser tuyo y que tú seas mía. 
Quiero tus secretos, tus fantasías, tu historia escondida, la confesión de tus vísceras, tus lágrimas,  tus sonrisas, tus silencios...tu inconsciente en mi  conciencia.
Amor, se llama… Amor de locura.
Soy un cobarde, si fuera  valiente mis actos estarían presentes en tu existencia. Hubieses encontrado en mí mucho más que el amor que ansias.
Miserable irresoluto.
Si de verdad hubiera locura de amor… te cubriría de besos, los pezones de tus hermosos pechos quedarían enhiestos con mis  caricias, tus muslos estarían  inquietos e hirviendo de pasión. Tus caderas se moverían al ritmo de la lujuria.  Besaría los labios de tu entrepierna hasta que gritases de placer. La penetración de mi virilidad en tu cuerpo solo sería un juego más.
No bastaría un orgasmo. Ni siquiera la felicidad en su esplendor. 
Me haría falta… el éxtasis. En ese segundo sublime de éxtasis... mi corazón se pararía, para que el segundo fuese eterno.
Para amar a una hechicera hay que morir.

Morir amándola.

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