El insomnio se ha apoderado de mí.
Las células piramidales, que controlan la voluntad, están cansadas.
Domina el hipotálamo y los instintos
hacen firme su presencia. La cultura, las costumbres y todo aquello que les
coarta está en descanso.
En ese momento de vigilia estás lúcido, vivo e intenso en el
deseo.
Repite el cerebro diez veces las ideas para que las manos puedan
escribirlas. Va muy deprisa. El dopaje está en el deseo.
Yo te amo a ti y tú a mí no. Yo soy tuyo, tú no eres mía.
Malditos mis controles anímicos y de comportamiento
¿Dónde están los poetas que me dicten las palabras para
enarbolar tu corazón?
¿Cuál es el trance más oportuno para que tu cuerpo tiemble con
mi abrazo?
¿Qué armas necesito para rendir tu alma?
Quiero ser tuyo y que tú seas mía.
Quiero tus secretos, tus fantasías, tu historia escondida, la
confesión de tus vísceras, tus lágrimas, tus sonrisas, tus silencios...tu
inconsciente en mi conciencia.
Amor, se llama… Amor de locura.
Soy un cobarde, si fuera valiente mis actos estarían presentes en tu
existencia. Hubieses encontrado en mí mucho más que el amor que ansias.
Miserable irresoluto.
Si de verdad hubiera locura de amor… te cubriría de besos, los
pezones de tus hermosos pechos quedarían enhiestos con mis caricias, tus
muslos estarían inquietos e hirviendo de pasión. Tus caderas se moverían
al ritmo de la lujuria. Besaría los labios de tu entrepierna hasta que
gritases de placer. La penetración de mi virilidad en tu cuerpo solo sería un
juego más.
No bastaría un orgasmo. Ni siquiera la felicidad en su
esplendor.
Me haría falta… el éxtasis. En ese segundo sublime de éxtasis...
mi corazón se pararía, para que el segundo fuese eterno.
Para amar a una hechicera hay que morir.

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