Nunca apetece hablar de una
derrota, pero habrá que hablar.
Con la crisis del dos mil ocho
parecía que habíamos tocado fondo y que la política arreglaría la economía,
para poner la economía al servicio de la
política. ¡Que optimismo!
Después del grito de un
“estadista” del neoliberalismo allá por el año de la crisis, diciendo. “Hay que
refundar el capitalismo” pasó el hombre a mejor vida “política “y se acabó lo
que se daba.
La crisis empezó ya en los
años ochenta cuando se desregularizó todo el sistema financiero y los bancos podían
hacer lo que les daba la gana sin apenas control.
Llega la crisis financiera y los de Davos encargaron a sus distintos
sicarios en los gobiernos de Europa y de las naciones que la austeridad era la
consigna, una consigna que tenía un fin, acabar con el estado de bienestar que
empezó en 1945.
Los hombres y mujeres de Davos que no son otros que los directivos de
las grandes multinacionales y los grandes accionistas y directivos de los
grandes bancos. El uno por ciento de la riqueza del planeta.
¡Ya está bien de que los ricos tengamos que pagar la sanidad y la
educación y la justicia de los pobres!
Dicho y hecho, empezaron y no terminaron,
pero van camino de ello.
¿Qué hay indignación en las
calles? No hay problema.
Una parte, no la más numerosa,
pero si la más activa de la indignación se encauza hacia más nacionalismo,
hacia menos Europa, la indignación se transforma en fascismo. Ya tenemos periodistas
y cadenas de televisión que están difundiendo las consignas.
Poco a poco los gobiernos de
algunas naciones del norte y del este de Europa se llenan de gobernantes
ultranacionalistas e incluso xenófobos.
En otras regiones de Europa
proliferan los partidos de ultraderecha que van ganando poder y aquí y allá
aparecen grupos de “camisas pardas” pseudofascistas o fascistas sin más, como
por ejemplo en Alemania. Hablan de la crisis de valores en Europa por que no
queremos acoger a los refugiados, pero la crisis vienen de antes de mucho
antes.
En este caos, los ricos de Davos se encuentran en su salsa, se hacen
negocios, no se pagan impuestos, mano de obra barata, políticos al servicio de
dinero.
Ganan la batalla del “¡No se puede hacer otra cosa!”
A Davos no le interesan los
grandes territorios institucionalizados que avancen en políticas de integración
y responsabilidad humana. No, a Davos le interesan los nacionalismos pequeños y
los enfrentamientos entre tribus e ideologías.
Los nacionalismos son la
“basura” en la que se mueven con facilidad los negocios. No necesitan
ciudadanos que hablen de libertad, justicia, redistribución de la riqueza,
sanidad universal, educación global, derechos laborales planetarios, impuestos
en todo el mundo y salarios dignos. Necesitan que uno diga yo soy chino y yo
alemán, y yo español y yo argentino y yo… siempre el yo, siempre… ¡Qué no se
pronuncie el nosotros! Son los “patriotas”, los que “defienden los intereses”
de la patria los primeros en evadir impuestos.
No nos confundamos de enemigo,
no nos confundamos, los terroristas matan con las armas que venden los sicarios
de Davos, los que les compran el petróleo barato, los que guardan sus finanzas
en sus bancos. Los narcotraficantes utilizan los productos químicos de sus
fábricas y los trasportes de sus compañías y guardan sus finanzas en sus
bancos. Bancos que se felicitan de guardar bien los secretos. Secretos que
necesitan los corruptores y los corrompidos.
Sé que hay gente que con sus
pequeños trabajos y sus pequeños privilegios y sus pequeñas riquezas se creen
libres y decentes y piensan que los problemas de los otros son de los otros y
que cada cual tiene lo que se merece y que lo importante es la felicidad.
Esos son los peores cómplices de los dueños del dinero y del poder. Son
los cómplices bienintencionados.
Son los “tío Tom” que siempre
han existido.
El esclavo que está agradecido
al amo porque le da de comer y le viste, y piensa que su condición de esclavo
es su condición natural.
La izquierda no existe.
Hemos perdido.
Hemos empezado perdiendo el
lenguaje. Cuando hay déficit de forma automática siempre pensamos en los
recortes, nunca se piensa en aumentar los ingresos. El concepto de “propiedad
privada” lo hemos llevado al límite.
¡Todo se puede comprar!... y en cuanto lo compre… es mio.
Hemos cambiado la justicia
social (que es un derecho) por la solidaridad (que es voluntaria).
Hemos perdido la sanidad, y la
educación, nos han dicho que no se puede pagar y lo hemos creído… ¡Es lógico
que lo debamos de pagar!
Hemos perdido el sentido de la
Libertad. Ya no sabemos para qué queremos libertad, en un mundo en donde, sólo
los que tienen dinero pueden ejercer su libertad. La información es tan
abultada, tan extensa y tan poco asimilable que no hay información. La
educación, cuando existe, es instrumental, moral no es una educación basada en
la ética del ser humano. Gritamos pero no hacemos.
Hemos perdido porque no
sabemos que “más vale un paso adelante que mil panfletos revolucionarios”.
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