Reflexión. Es una palabra complicada en su concepción más profunda. Es más que una introspección, que se refiere a la propia intimidad. Es una mirada a lo que pasa a nuestro alrededor y que nos ayuda a crear conciencia y criterio y pensamiento.
Me dijeron una vez que es precisamente la reflexión lo que nos distingue de otros especies de seres vivos.
Me atengo, por fácil, a esta definición.
“La reflexión o meditación, es el proceso que permite pensar detenidamente en algo con la finalidad de sacar conclusiones”
Siglo XX. Empezó con la primera guerra mundial, continuó con la pandemia de la “gripe Española” que acabó con cincuenta millones de personas.
La crisis financiera de 1929 (La Gran Depresión), John Steimbeck escribió “Las uvas de la ira” y decía sobre ella : «Quiero colocarles la etiqueta de la vergüenza a los codiciosos cabrones que han causado esto.»
El aumento de los nacionalismos y la segunda guerra mundial.
Después de la guerra , en Inglaterra, William Henry Beveridge pone la bases para lo que fue en los años posteriores el Estado de Bienestar (Salud y educación pública, seguridad social para los trabajadores etc...).
Casi duró hasta los ochenta en la que Reagan y Thatcher desregulan el mercado financiero, dándole tal poder que en ya en 2008 sobreviene una nueva crisis financiera,
Y entramos en el siglo XXI
Solo en 2017 la OMS estima en cerca de 500.000 muertes por paludismo.
Según ACNUR hay setenta y un millones de personas desplazada a la fuerza en el mundo en 2018.
En 2018, en el mediterráneo, se cuentan en treinta mil personas ahogadas huyendo del hambre y la guerra en África.
En el mundo hay niños que mueren de hambre. ¡De hambre!
Hasta hace cinco meses estábamos alarmados, con razón, por el aumento de la temperatura del planeta y las consecuencias que todo ello podía tener en la vida de los seres humanos.
Llega en 2020 la pandemia de un virus, el COVID 19, que nos obliga a confinarnos en nuestras casas, para que no se extienda, que no hay vacuna para luchar contra él, que cualquier persona, aparentemente sana puede ser fuente de contagio, que tiene una letalidad asombrosa con los mayores en edad, Un virus que para evitar su expansión hace retroceder la economía que nos puede llevar a la recesión y al paro y al sufrimiento social.
La esperanza es la lucha contra lo inevitable. La esperanza no puede acabarse.
La reflexión. La mía.
En Europa entre los años cincuenta y setenta, es cuando mejor se empezaron a poner las bases de una vida mejor.
Un sistema público de redistribución de la riqueza, el aumento de la conciencia crítica. La decadencia de los nacionalismos y las bases de una unión política europea. Una unión política de ciudadanos, no de comerciantes. Caminando hacia una superación de la soberanía de estados frente a una Europa Unida en leyes democráticas que se basen en los "derechos humanos".
Se ha ido desbaratando poco a poco.
Es un buen momento, en estos días de reclusión (además de reírnos con las anécdotas de las redes sociales) de reflexionar sobre nuestro sistema de vida.
La educación de nuestro hijos y nietos en la convivencia y en que tengan un pensamiento crítico y positivo. Me decía un profesor de matemáticas : Es importante que un niño aprenda la tabla de sumar, pero tal vez sea más importante que se de cuenta el porqué todo el planeta se ha puesto de acuerdo en que el signo ”+” significa que debemos sumar, “todo el planeta” sea cual sea su condición.
Tal vez tendríamos que desempolvar la frase de John Steinbeck: «Quiero colocarles la etiqueta de la vergüenza a los codiciosos cabrones que han causado esto.»
Y no para fusilarlos, sino para que, democráticamente, controlemos sus acciones.
Todas las personas en igualdad de oportunidades y a cada cual se le pague según su talento y esfuerzo. Sin dejar desvalidos a los más débiles.
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