En
el número 101 de la revista CTXT del 25 de enero de dos mil
diecisiete se puede leer una entrevista a Noam Chomsky en la que
dice:
“El
socialismo antes significaba algo. Si retrocedemos en el tiempo,
fundamentalmente significaba el control de la producción por parte
de los productores, la eliminación del trabajo asalariado, la
democratización de todas las esferas de la vida: la producción, el
comercio, la educación, los medios de comunicación, la autogestión
obrera en las fábricas, el control comunitario de las comunidades,
etcétera. Eso fue en su momento el socialismo.
Sin
embargo, hace un siglo que dejó de significar todo eso.”
Deduzco
de su pensamiento que en los “países comunistas” lo que
realmente ha existido es un capitalismo de Estado. (Dejo de lado a
Cuba que es una dictadura ideológica reactiva al militarismo de
EE.UU. Si la comparamos con su entorno su sistema sanitario de
educación es infinitamente mayor, pero es un debate arduo lleno de
pasiones poco propensas al razonamiento).
En
este planeta, de momento a lo máximo que podemos aspirar, de manera
práctica, es a la socialdemocracia asentada socialmente en los
países del norte de Europa.
Tendremos
que empezar a plantearnos en el sur de Europa la ideas básicas del
“Eurocomunismo" de Berlinguer.
Acabamos
de estrenar un gobierno de coalición en España al que desde muchos
medios se le insulta con el término de “social comunista”. Cuando para mi y otros muchos es una halago.
Creo
que las políticas que tiene propuestas tal gobierno pertenecen a una
socialdemocracia avanzada, si somos capaces de llevarlas a la
práctica.
La igualdad de oportunidades para la población, el
fortalecimiento del “Estado de bienestar” (Sanidad y educación
públicas, gestionadas desde lo público, dependencia y protección
pública a los más débiles y pensionistas), desarrollo del concepto
de feminismo, lucha contra el cambio climático revirtiendo los
modelos de producción y consumo, democratización de las empresas
(dándole al trabajo el mismo valor que al capital).
Dos mujeres y ministras que me gustan (ambas tienen “una cabeza
bien amueblada”), cuando hablan lo hacen con argumentos bien
estructurados. Una social liberal, la ministra Nadia Calviño. Otra
comunista, Yolanda Díaz. Economía y trabajo. Si entre ambas logran
ponerse de acuerdo en avanzar, avanzaremos.
Estoy
convencido que si logramos en este país rebajar sustancialmente la
desigualdad social y establecer una justicia social básica, somos
los ciudadanos lo suficientemente inteligentes para ir resolviendo
los otros problemas que nos acucian.
Debemos
de ser lo suficientemente pragmáticos para decir que debemos, en
estos momentos, avanzar hacia una Europa que en su conjunto sea
social-liberal (me conformo), porque el auténtico peligro que tenemos
actualmente en Europa y en el mundo es la ultraderecha, esa es una
ideología intolerante, uniformada y que atenta contra la maravillosa
diversidad del mundo.
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