La costera del bonito empieza en Junio y acaba en Septiembre.
Bonito del norte, emparentado con el atún, es de más calidad, carne más suave y menos grasa, ha de pescarse con anzuelo, así lo pescan en el Cantábrico y de la cocina de esos barcos boniteros nace el plato del que os voy hablar, el marmitaco
Plato sencillo, contundente, sabroso. Cada cual es muy dueño de hacer el plato como le plazca. A mí me gusta a la manera clásica con los aderezos imprescindibles.
Tengo un libro de cocina de Maria Mestayer de Echagüe, Marquesa de Parabere cuya primera edición se imprimió en 1940, se titula “La cocina completa”, editado por Espasa-Calpe. S.A. aún se vende, yo tengo una edición del 99. En su primera pagina viene una poesía de 1932 de Pedro Eguillor que se titula “El marmitaco”. Lo cito para resaltar la importancia de un plato sencillo creado por los pescadores. Cuenta alguna leyenda que el marmitaco saltó a tierra en Motrico (Guipuzkoa) y hablan de un tal Santo Tomas de Cantabria, discípulo de Santiago que lleva el plato a Santoña, es la leyenda del marmitaco en tierra, ya que los pescadores de todo el cantábrico lo comen en sus barcos desde hace mucho tiempo.
¡Vamos al grano!
Vamos a comprar a nuestro pescadero.
Hay que tener pescadero particular, cuidarle y saber su nombre y aficiones, así nos limpiará bien el pescado y será fresco. Es lo único que necesita el bonito del norte, frescura.
Mi pescadero se llama Carlos en el barrio la Bozada (Zaragoza), “El Faro” se llama la pescadería y tiene buen pescado.
Escogerá Carlos un bonito del norte de unos cinco kilos que desangra bien, lo limpia, separa la ventresca, unas seis rodajas de un dedo de gruesas y el resto en dados de unos tres cm. de lado, la cabeza, la espina y las pieles las necesito para hacer un buen caldo.
Hace quince años me entusiasmó un libro sobre la cocina desectruturada de Ferran Adriá. Con la ventresca de bonito podemos hacer: “ Ventresca de bonito marinado sobre una base de espuma de patatas adornado con salsa de pimientos choriceros picante”
Las rodajas en la nevera que hoy mismo las necesitaremos, todo planeado.
Para el marmitaco: necesitaré dos buenas cebolla, cuatro pimientos verdes, pimientos choriceros, buenas patatas un poco harinosas, unas guindillas (imprescindible), el caldo de pescado y por supuesto el bonito del norte en dados. Yo no le pongo tomate.
Seis personas. Calculo tres dados de bonito para cada una, más cuatro patatas medianas; cuento siete en vez de seis por si alguno quiere repetir o viene alguien inesperado.
Preparamos el caldo de pescado: las espinas, pieles y cabeza a una cazuela con agua y un puerro y a cocer durante veinte o treinta minutos.
Los pimientos choriceros: primero los remojamos en agua fría y después los escaldamos y con un cuchillo vamos sacando la carne.
Aceite virgen extra a fuego medio, cebolla bien picadita a rehogar junto con los pimientos verdes en juliana fina, una pizca de sal para que sude, una vez pochado el pimiento y la cebolla y un pelín antes de que empiece a dorar, echamos las patatas, triscadas, más que cortadas, para que suelten almidón y la salsa espese, las rehogamos un poco y a continuación el caldo de pescado convenientemente colado. No os olvidéis de la sal, una pizca. Os daréis cuenta que pongo tres “pizcas” de sal, una para la cebolla y pimientos, otra para las patatas y el caldo y otra para el bonito. Mejor así que poner mucha de una sola vez.
Veinte minutos manteniendo un hervor suave y armonioso y las patatas ya estarán cocidas, añadimos la carne de los pimientos y las guindillas.
Es un plato picante que hace sudar, bueno en verano. A continuación la pizca de sal al bonito y... a la marmita, revolved un poco y apagar el fuego. Algunos dicen que cocer tres minutos, no hace falta, dejadlo ahí diez minutos reposando y... a comer, templado, el bonito estará hecho y jugoso.
Presentad la marmita.
El pan, de miga blanca y abundante como el de Fromista (Palencia) donde nació San Telmo, patrón de los marineros.
Ya que el Patrón es castellano bebamos con el marmitaco un Ribera de Duero.
Ya solo nos queda hablar, reír, discutir y seguir hablando, que sea una sobremesa larga, ingeniosa y alegre.
Se me olvidaba nombrar el postre, lo hice el día anterior, arroz con leche, como lo hacia mi abuela. Y la charla para que salga exquisita e ingeniosa tiene que ir acompañada de un buen orujo.
¡Joder! ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Seis horas hablando!
¿En esta casa no se cena?
Mientras unos limpian la mesa, otros limpian una lechuga y cortan una cebollas tiernas y las mezclan como locos con una generosa rociada de aceite, una prudente pizca de sal y un tacaño chorro de vinagre.
Tengo una plancha al rojo vivo, manchada de aceite, donde un minuto por una cara y un minuto por la otra paso las rodajas de bonito y las unto antes de servirlas con una picada de ajo y perejil y aceite. Un Chacolí para beber.
Un día bonito.
Mañana será otro día. Tengo en el mostrador de la cocina unas torrijas de las que daré cuenta en el desayuno.
Me duermo calculando los kilómetros que tengo que hacer para bajar todas esas calorías, me salen solo cinco o seis. Se me ocurre.. ¿ No estaré gordo por hacer mal los cálculos de los Km?