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24 jun 2011

LOS SESENTA Y DOS AÑOS Y LA PRAXIS

Hoy cumplí sesenta y dos años. Ha sido en buen día, comida con mis hijos, mi mujer, mi madre y mis nietos.
Entre los regalos siempre las palabras de ilusión de mi hija Eva, que sabe decirme lo que me gusta; lo sorprendente de mi hijo Samuel me regala una especie de guarda botellas de cuero muy bonito; lo original de mi hijo Daniel, un bordón hecho de sabina, una madera muy preciada, con mi nombre y muy bien barnizada, creo que en vez del camino del Ebro, me voy a marchar a Oviedo para hacer el camino de Santiago primitivo, una magnifica caminata para el bordón.

No me olvidaré del Ebro, en Julio tengo una semana y me la pasaré caminando las siete primeras etapas, hasta Mequinenza, tal vez.

En el camino a lo mejor me reconcilio con el mundo. No estoy seguro.

Me gusta la política, quiero que la política rija los destinos del mundo, pero los humanos no parecen entenderlo. Los que están allí no son capaces de enfrentarse con el autentico enemigo: los financieros. Impuestos a las transacciones financieras  en toda Europa, regular la actividad financiera; la riqueza solo sirve para que todos los humanos vivamos mejor, todos con las mismas oportunidades y cada cual viva según su esfuerzo. A los 16 años empecé a estudiar teología y a leer a los existencialistas Mounier, Sartre, Peugy, Chardin y otros. Soy católico, pero me di cuenta que el enemigo, el  mal, es el Capitalismo el sinónimo de egoísmo, de salvase quien pueda, de impúdico individualismo, humanos sin compasión. No soy misionero, decía el presidente de las cámaras de comercio de Zaragoza. Hay cinco millones de parados, seguía diciendo, que trabajarían por menos dinero y por más tiempo, antes de estar parados. Hablo de los provincianos, los que están en Londres, Paris o New York... ¡para que contar!
¡Salvad a Grecia!... ¡Mentira!... solo salvan a los bancos Alemanes y Franceses...¡No hay opciones!... dicen y repiten los voceros de los financieros.
En mi fuero interno los “indignados” no se salvan, en este país y en otros cuando todo el mundo vivía bien, algunos nos indignábamos y poníamos propuestas encima de la mesa... nueva ley electoral, impuestos para las transacciones de capital, harmonización fiscal en Europa, buenas practicas sindicales en las multinacionales de tal forma que traten a todos los trabajadores de igual forma independientemente en donde están afincados... etc... etc.
Moverse en la calle es bonito... organizarse, crear instrumentos sociales, resistir... es más difícil. La indignación y decir lo que está mal es bueno,  si a continuación se hacen propuestas y se dice como se van a llevar a cabo. En mis tiempos y en los actuales, eso se llama PRAXIS.

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