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8 feb 2012

TIEMPO DE REFLEXIÓN


Estoy en Santander. Cielo gris luminoso y copos de nieve. Calles mojadas y vacías. Lugar idóneo en estos momentos en los que se necesita la meditación y la reflexión.
La mente esta saturada y confusa.
Interno en los Salesianos de Santander (catorce a dieciséis años) me enseñaron a meditar.
Todos los días los internos después del aseo y antes de la misa y el desayuno, a meditar media hora. Primero unas palabras de un libro que se titulaba” Horas de Luz” (aun debe de andar por casa), ni te preguntaban, ni comentaban nada más.
Después de escuchar la lectura, apenas cinco minutos, se imponía el silencio y la inmovilidad, la temperatura era buena y la luz rozaba la penumbra.
El silencio y la quietud, sentados en el banco, eran sagrados. El castigo por transgredir esos dos principios era lo suficientemente fuerte para que nadie osase hablar o moverse
Solo se puede pensar… y piensas, tal vez en todo menos en la lectura...pero al final solo pensabas en la lectura o la mente se quedaba en blanco, no te dormías. Algún día no te lavabas para poder seguir con el sueño en esa media hora, pero la incomodidad y el frío que pasabas decían que era mejor lavarse bien y despejarse antes de enfrentar una nueva jornada. Es una cuestión de experiencia.
Esa experiencia de la mente en blanco llegaba  a ser algo estupendo. Hasta ahora ha resultado productiva la técnica,  incluso la he perfeccionado en determinados ambientes. En el monasterio del Eyre con la comunidad de frailes y allí en la celda después de maitines te ponías a escribir sobre folios en blanco, sin lecturas ni nada que distrajese, así dos días y después leía todo aquello que había escrito, era como un auto psicoanálisis.
La experiencia me dice que ahora, no necesito tanta parafernalia, algunos días fuera del lugar habitual y  silencio son suficientes para llegar a esa situación de meditación. Vale para activar la concentración mental,  también es buena (la meditación) como preludio para la reflexión.
La reflexión es un privilegio del ser humano, aquí nos diferenciamos de cualquier otro ser vivo de este planeta. Nuestra capacidad de introspección, de análisis de nuestros pensamientos, actos, ideas y creencias.
Siempre habrá un “supra yo” por encima que nos sirva de referencia para cambiar, afinar, retroceder o seguir.
La relación con otras personas también exige unas determinadas reglas, las podremos cambiar o no, pero son esas reglas y sus consecuencias las  que encarrilan nuestra reflexión sobre lo actuado o pensado. No debemos engañarnos  al analizar nuestros actos o pensamientos, no vale de nada racionalizar, buscar argumentos para decir: por ahí vamos bien. No vale de nada. No prejuzguemos, por eso es buena la meditación antes de la reflexión. La reflexión es sobre todo razonamiento.
Es preciso encararnos con nuestras limitaciones físicas, intelectuales, ambientales… limitaciones propias o impuestas por el entorno… es algo que está ahí.
¿Se pueden cambiar? ¿Merece la pena el esfuerzo?
A veces después de la reflexión tu actuación   no puede cambiar o no debe cambiar…o no quieres (¿existe la obcecación o es una simple limitación?). Sin embargo las ideas se han estructurado, los pensamientos son más sistemáticos, eres capaz de expresar lo que piensas y lo que sientes de forma más armónica.
Todo ello no significa que los demás lo acepten o a los demás les parezca bien…esa es otra historia. A veces lo que expresas está bien explicado y no es que no lo entiendan es que no lo aceptan, con eso hay que contar…limitaciones.
Poner la felicidad en los que amas es lo correcto, pero siempre tiene que haber una concordancia con lo que uno siente y piensa, sino al final el desarrollo de tu existencia es absurda porque deja de ser de cada cual para ser de los demás o de un “supra yo” tiránico.
La coherencia vital forma parte de una vida sana y productiva.
Ama a los demás como a ti mismo, dijo Jesús.
No entiendo la frase escrita en el monumento de una Santa católica que dice: “Dejó de si misma para darse a los demás”.
No dice eso el Evangelio de su religión y es lo que critica Pérez Galdos en su novela “Nazarín”, por ejemplo.
Aprovechemos este tiempo y lugar para meditar y reflexionar.

1 comentario:

  1. Y todo esto en Santander, siempre recordando el pasado que segun parece se hace presente a nada que te acercas a la cuesta de la talaya.
    La meditacion, se empata con los valores que aprendiste y que despues de muchos años, ahora parece que son mas necesarios que nunca, sera para ir tirando porque de eso se trata, seguir tirando convencido de que junto con los otros la vida merece la pena, solo y por muchas vueltas que se le de a la cabeza la cosa no funciona.

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