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16 ago 2013

EGIPTO


Esto escribía el cuatro de Julio en Facebook. Un día después del golpe de Estado en Egipto: “Mursi salió elegido en las urnas, tal vez no lo suficiente para ejercer el poder que tenía. Los hermanos Musulmanes se equivocaron en su política. Egipto no pedía un estado religioso islámico, pedía justicia social. La sigue pidiendo, el ejército no se la dará. Algunos hablan de un golpe de estado contra el islamismo y les parece bien. ¿Algún golpe de estado es bueno? La revolución de la "primavera árabe" aún tiene mucho por andar.

La historia nos lo dice. Acordémonos de Argelia en 1991. Revocar aquellas elecciones costó 200.000 muertos. No se puede convocar a un acto democrático y después decir que el resultado no me gusta.

Le atribuyen a Lenin una frase: “Libertad…¿Para qué?”

Hay que profundizar en ello, aparentemente Lenin desprecia la libertad, pero creo que es al contrario le da profundidad.

La libertad no es un concepto abstracto, la libertad solo existe cuando se ejerce. Cuando en un mundo donde manda el dinero, cuando este no se tiene, no se tiene tampoco la libertad porque para conseguirlo uno se convierte en esclavo.

En Egipto hubo una revuelta en donde la gente gritó libertad. Esa libertad pasaba por quitar del poder al que no dejaba ejercer esa libertad, Mubarak. Escribía por aquel entonces “El triunfo de la Batalla de Tahrir” Allí se hablaba de Justicia y de Libertad y de Hambre. Eso acabó con Mubarak, aunque sus guerreros quedaron agazapados. El triunfo de Mursi en unas elecciones era previsible, apoyado por los Hermanos Musulmanes, una organización que se dedicó a cuidar de la gente pobre. Acababan de ganar poder los sacerdotes, pero en vez de seguir, ahora desde el poder, haciendo un estado igualitario y de libertad, decidieron hacer un estado en donde ellos, los sacerdotes, tuvieran continuidad en un poder único.

La gente volvió a Tahrir y los guerreros que habían estado escondidos salieron y echaron a Murfi.  Los guerreros han matado ya a seiscientos y no se sabe qué pasará.

Entre los guerreros y los sacerdotes está la buena gente de Egipto. La que trabaja y sufre la falta de justicia y de libertad a la que falta el pan y la educación, de los mejores de esa gente empezó la Primavera árabe que aún está por hacerse.

Ni guerreros, ni sacerdotes. Cada uno tiene su misión y es misión de la gente hacer de su país algo digno de vivirse en paz, donde sus mujeres paseen tranquilas, donde los hombres disfruten de sus hijos, donde los niños se eduquen en la libertad y con libertad.

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