Acabo de terminar mi antepenúltima singladura de este verano, Santander –Zaragoza. Me queda la Rioja Alavesa y la del monte Gorbea.
Un verano vergonzoso en lo político. No le pido a un gobierno de derechas
que haga política de izquierdas, pero sí que no engañe, que no sea inmoral, que
no tergiverse, que no llame justicia social a lo que es caridad, que no llame
excelencia educativa a lo que es clasismo. Lo dejaremos para más adelante.
Mi veraneo comenzó pronto este año. El dieciséis de junio, en Mallen,
Aragón.
Ese día bautizaron a mi nieto Asier. Para los católicos tiene un sentido
sacramental profundo, un compromiso de la comunidad de acogerle en su seno y educarle
en la religión católica, el amor al próximo como a uno mismo…pero ya no tiene
ese sentido, más bien es un rito de presentación en sociedad de un nuevo ser y
se celebra como “dios manda” comiendo y bebiendo.
Mi consuegro y yo siendo conscientes del mandato. Comimos y bebimos uno frente
a otro, muchos canapés de alta cocina y sobre todo…buen vino. Escancia este
Campo de Borja, prueba aquel Cariñena, saborea este Rioja…y así hasta botella y
media cada uno sin exagerar, puede que incluso alcanzásemos una par de frascos.
Después de ese entrenamiento que se puede comparar a unos ejercicios
cardiovasculares nos fuimos a levantar pesas con el Páter del pueblo, nos
arrimó German una botella de Chivas de 25 años y unos vasos y unos hielos y
empezó la plática con el cura, German de UGT, yo de CC.OO., sindicalistas
ambos.
El debate de altura. Empezó el sacerdote planteando su posición, clara y
concisa: los dirigentes de los sindicatos deberían estar fusilados y todos los
delegados en la cárcel. Terminando un tercio del licor, la posición de los
sindicalistas fue más alambicada: en la catedral de Sevilla, el templo gótico
más grande del mundo, se debería hacer un auto sacramental en donde se quemasen
vivos a todos los cardenales, obispos y deanes españoles al tiempo que un coro
de barraganas entonase el Veni Creator.
Ya se terminaba el elixir cuando la conversación degeneraba en que si María
la de Magdala podía ser un antecedente de Hipatia de Alejandría. Debo reconocer
que esa proposición fue mía y parafraseando a Don Mendo, la culpa fue del
maldito Cariñena que se apoderó de mí.
Pude sacar el coche de Mallen, pero en llegando a la carretera nacional lo
abandoné en manos de mi esposa, los ojos se me nublaban por la emoción de los
acontecimientos y por miedo a los “picoletos”… y mis habilidades de conductor
estaban bastante disminuidas, no sé por qué.
El verano comenzaba bien.
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