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24 jun 2015

LAS MUJERES DE MI VIDA

LAS MUJERES DE MI VIDA
Veinticuatro de junio de dos mil quince. 
Cumplo sesenta y seis años, en el mes seis. 
Demasiados seises.  
Dice la biblia en el “Apocalipsis” que el número de la "bestia" es el “666"
¡Qué le vamos hacer!
Si hay salvación en este mundo, vendrá de la mano de las mujeres. 
Si tengo salvación será por las mujeres que han influido en mi.
Es un buen momento para dar las gracias a las mujeres de mi vida.
Son las mujeres que más han contribuido a sacar lo mejor de mi persona.


Miriam y Eva. Mis dos hijas. Entre ellas hay veinte años de diferencia. Miriam la de más edad.  Dos extraordinarias mujeres que se ha puesto delante de mí, señalando mis defectos; no con palabras; sí, con su presencia,  carácter e inteligencia. Ambas rebosantes de criterios definidos, se enfrentan a mí con cariño y argumentos. Las únicas mujeres (las únicas personas) que me han desarmado, me han dejado indefenso y pensativo. Desde la distancia que ellas han puesto, las miro. Me siento orgulloso. Las admiro, por su libertad... por su independencia.


Fui un niño mimado, pero no consentido, fui feliz en mi infancia. Mi abuela Antonia tuvo la culpa. Fue tal su cariño que me sentía culpable ante cualquier travesura que a ella no le gustase. Era la dueña de la honradez y el coraje. Me enseñó a querer


Toñina se llama mi madre. Ahora ochenta y nueve años. Mi madre fue muy guapa y elegante, menuda, trabajadora y activa. Pasé mi pubertad y mi juventud sin ella. Me acompañaban las fotos y las cartas y su presencia cada tres o cuatro años. Yo en España ella en Venezuela donde murió trágicamente mi padre. Vestida de negro, llorando, cuando se quedó viuda, hace sesenta años, me daba el reloj y los anillos de mi padre. Siempre tuve celos del mundo, de todos los que la rodeaban. La tenían a ella... yo la quería sólo para mi. Cuando superas todo eso, ya en la juventud tardía te das cuenta de algunas verdades. El gran amor que me tenía mi madre, que se separó de sus hijos para que tuviesen una vida mejor; se quedó sola. Los celos son un martirio que no tienen razón de ser, la libertad del ser amado es el fundamento del amor. La mujer está muy por encima del hombre. Contribuyeron a ordenar mis sentimientos mis dos hermanas, Rosa Maria y Mercedes, menores que yo. Cómplices y amigas, entre ellas; aguantaron y quisieron a un hermano mayor al que enseñaron. Lo mejor de mi es mi lado femenino.


He tenido suerte con las mujeres. Compañeras de trabajo que han sido amigas, conocidas de la familia que también han sido amigas. Hemos compartido situaciones complicadas y fiestas y diversión y trabajo y conversaciones y confidencias. Manuela, Asun, Carmen, Maria José, Balbina, Charo, Rosario, Matilde, Sandra, Pilar, Elena y Maria Luisa ( Maria Luisa es parte del signo de los tiempos, amiga virtual, sólo de internet, me ha señalado caminos de expresión de sentimientos y me ha ayudado mucho) Las demás han dejado en mí un gran recuerdo, aún hoy siguen siendo amigas, pese al tiempo. Me dieron consuelo y ánimo. Me regalaron cariño y comprensión. Escucharon mis palabras  y me dieron consejos. Mujeres con sensibilidad y empatía que merecen que les dé las gracias. Todas ellas con su presencia y carácter infundieron en mi, fe en la humanidad y coraje.


Dejo para el final de estas palabras lo más importante de mi vida. No concibo la existencia sin Marina y Lola.
Marina fue mi primera esposa. Con Marina descubrí el amor. Me sentí hombre y seguro. Empecé a vivir. Cada uno de nuestros besos juveniles era un trozo de paraíso. Tuvimos una vida y un amor intensos. Cada uno de nuestros días era exploración, sorpresa, entusiasmo y pasión. Nada se escapaba a nuestra curiosidad existencial. Todo se hacía con vehemencia e incluso con exceso. La síntesis de mi relación con Marina es el poema de Lope de Vega que termina diciendo: “...esto es amor, quien lo probó lo sabe”

Lola fue una amiga y después confidente y más tarde amante. Con Lola fue el placer y el frenesí, casi la lujuria que dio paso al enamoramiento y al amor y al cariño y al compromiso con la vida y al sosiego. Lola sostiene la misma mirada pícara y la misma sonrisa seductora desde que nos conocimos. La amabilidad, el saber estar y la estabilidad son las virtudes más visibles de nuestra relación. Lola me enseña ternura. Lola tiene paciencia cuando se me ocurre fantasear con... beberme las sombras de la noche, buscar horizontes o perderme en senderos de bosques luminosos.

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