Gritos, muchos gritos. ¡A por ellos! ¡Manipulación! ¡Estoy hasta los cojones! ¡Qué se vayan a la mierda!
Banderas, muchas banderas. El arco iris de banderas. Banderas que tapan los ojos de la razón. Banderas en las que se envuelven como si fueran corazas, como si fueran capas de superhéroes que inflaman el corazón y nublan la razón.
Palabras, palabras que salen de la tripas, palabras que no se dicen, ni se cantan, se disparan, el caso es aniquilar a quien no dice las mismas palabras. Las palabras son las mismas, como el plomo es el mismo en ambos lados de la batalla.
Y la vida sigue y sigue la misma vida miserable que nos toca vivir. En esa batalla de la vida nadie quiere entrar.
Cinco días, cinco niños, de catorce a cinco años vivieron solos, incluso iban al colegio y tenían hambre. Su madre y la pareja de su madre estaban muertos en la habitación. Cinco días, cinco niños, viviendo con su madre muerta, pensaban que estaba enferma. Aquí en este territorio.
Recuerdo a Aylan, muerto en la playa. Un niño. No recuerdo a los otros mil muertos más, en el mediterráneo, ni a los diez mil de Kabul, Nigeria o Alepo, a los cien mil del Yemen. Ni al millon de niños que se han muerto de hambre.
Recuerdo a los muertos de las Ramblas.
Ya no sufro por ninguno, se me agotó el sufrimiento...y las lágrimas.
Es la insensibilidad del dolor. El umbral del dolor está muy alto
Ya no sufro, ni por las mujeres. A unas no las dejan que se las vea el pelo y las velan. O, a lo peor, ellas mismas se velan para que no las arrastren por el suelo tirando de él.
He visto a un hombre, arrastrando del pelo a una mujer por las calles de Madrid. Claro que esa está viva, a otras las matan. Vete tú a saber, a lo mejor la muerta descansa y las demás, no.
Hay otro tipo de mujeres, las putas, ya se sabe, son mujeres viciosas, no son esclavas, o victimas (eso lo dicen los buenistas, planchabragas), son trabajadoras del sexo. “Se las paga para que hagan lo que yo quiero, les gusta”, dice el paisano cabrón.
El mismo que dice: “Mira lo que te digo, mamón, y no te quejes, que con cuatrocientos euros al mes, vas que te corres de gusto, y dame las gracias que por un plato de arroz tengo a cuatro negros que hacen tu mierda de trabajo y no se lo doy porque son putos negros, que están sudando todo el puto dia y huelen mal”
El horizonte ya no me atrae, no se ve, nunca se llega.
No soy un tiburón, si dejo de navegar, no me muero.
Al pairo me quedo, ni siquiera arrió la vela, que el viento juegue con ella y su canto no me deje dormir, será mi castigo.
Indiferencia. No hay tristeza, ni ira, ni decepción. Es indiferencia
Me sentaré en la popa y veré pasar al desamor, el engaño, la vileza, la crueldad, el desatino, la violencia, la estupidez, la avaricia, la traición, el odio, la amargura y la miseria. Todas ellas virtudes humanas.
Un día vendrá una borrasca y me llevará a la muerte, o peor, la botavara me dará en la nuca y me paralizará de cuello para abajo, espero entonces que me consuele la locura.
Escribo desde el insomnio y media botella de orujo y dejó de escribir porque me estoy poniendo triste.
Si pudiera llorar me tomaría la otra media, pero nunca lloro, me da por vomitar.
Uf...me deja triste, pensativa, viva. Gracias.
ResponderEliminarQue triste!!!!!
ResponderEliminarMe ha gustado muchisimo tu pensamiento y voy a intentar convertirlo en reflexión para mi, pero permanente
ResponderEliminarMuy bueno Jesús. Una descripción muy acertada de la trágica realidad de sucesos recientes y que seguirán existiendo. Pero lo más destacado es el retrato de la indiferencia que sentimos, del vacío que produce la falta de humanidad.
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