El domingo cuatro de marzo salió a la luz un magnifico artículo de D.
Ignacio Bosque de la Real Academia Española, titulado “Sexismo lingüístico y
visibilidad de la mujer” http://cultura.elpais.com/cultura criticando a una
serie de guías de lenguaje no sexista editadas por universidades, comunidades
autónomas y sindicatos.
En una primera parte, tampoco le da mucha importancia, se duele que no se
hayan dirigido a los profesionales de la lengua para realizar las citadas guías
y que los autores de las guías se enfadaran si alguna institución se dirigiese
a esos organismos sin su consentimiento. Disiento, respecto a los sindicatos
parece ser que todo el mundo tiene derecho de decir lo que deben de hacer
sin que los sindicatos puedan decir nada al respecto. A D. Arturo Pérez
Reverte, miembro de la academia no le gusta la nueva gramática y ha dicho que a
sus escritos no se la apliquen así que en cuanto a la “autoridad” de la academia
la dejamos donde está que es mucha y hay lingüistas fuera de ella que también opinan,
personalmente me apoyo siempre en el DRAE, que para eso lo tenemos y que dure.
No nos perdamos, que el artículo del Sr. Bosque es muy bueno y comienza
diciendo que hay una conclusión errónea de cuatro premisas verdaderas.
Veamos las premisas verdaderas.
Primera. Existe discriminación hacia la mujer en nuestra sociedad.
Segunda. Existen comportamientos verbales sexistas.
Tercera. Numerosas instituciones autonómicas, nacionales e internacionales
han abogado por el uso de un lenguaje no sexista
Cuarta. Es necesario extender la igualdad social de hombres y mujeres, y
lograr que la presencia de la mujer en la sociedad sea más visible
Conclusión errónea. Escribe el articulista que “…consideramos insostenible suponer que el léxico, la morfología y la
sintaxis de nuestra lengua han de hacer explícita sistemáticamente la relación
entre género y sexo, de forma que serán automáticamente sexistas las
manifestaciones verbales que no sigan tal directriz, ya que no garantizarían
“la visibilidad de la mujer” (…)Hay acuerdo general entre los lingüistas en que
el uso no marcado (o uso genérico) del masculino para designar
los dos sexos está firmemente asentado en el sistema gramatical del español,
como lo está en el de otras muchas lenguas románicas y no románicas, y también
en que no hay razón para censurarlo.”
A partir de aquí busca y encuentra argumentos para su tesis e incluso
mujeres doctas en las que apoyarse, mujeres doctas que están incluso contra las
leyes de paridad de la mujer e incluso se sienten ofendidas. Claro que hay mujeres
no tan doctas pero si mejor dotadas intelectual y profesionalmente que los
hombres a las que no se les da paso por el hecho de ser mujeres y que la ley de
paridad de la mujer les da una oportunidad, no tendría que ser así, pero hasta
el Sr. Bosque convendrá conmigo que esta sociedad no es justa tal y como el
mismo reconoce en las cuatro premisas antes dichas. Si se ha llegado a ese
sistema es porque en la sociedad ha mandado el hombre, evolucionemos hacia otra
forma social más justa. El lenguaje es una forma. Lei un artículo de Garcia de
la Concha en el que manejaba la siguiente tesis: el Castellano se divulgó de forma
extraordinaria porque era un lenguaje entre comerciantes de distintas lenguas
(latin, catalán, vascuence..) para entenderse mejor. Bien Hagamos lo mismo con
el castellano respecto al género, dejémosle que se desarrolle y, mas tarde, fijemos y
demos explendor al castellano dejando de lado lo que no sea correcto. Fijemos reglas pero estas no son inamovibles.
Asi pues y con respecto a la famosa conclusión injustificada y hablando de lenguaje
creo que es justo reconocer que por definición y la misma Academia lo reconoce,
el lenguaje es algo vivo y cambiante según lo hace la sociedad. Por lo cual… toda
una serie de instituciones se han puesto de acuerdo para que “el uso genérico del masculino para designar
los dos sexos no quede firmemente asentado en el sistema”
Tal vez se trata solo de eso y pienso que no solo es legítimo sino que
hasta enriquecería el lenguaje. Desterremos la arroba como letra. Cuidemos de
no caer en el ridículo, cuidemos la sintaxis pero no tengamos miedo de crear
nuevas palabras que hagan visible a la mujer
Leo que ha dicho el Sr. Pérez Reverte algo así como que el artículo es una zapatazo
en la boca de no sé quién. A veces cuando leo su lado oscuro en “Patente de
corso” me dan ganas de decirle que se ponga un moneda en la boca y nade mar
adentro como el protagonista de “El pintor de batallas”, pero no, prefiero que
se quede sentado en su sillón de la Academia, que escriba alguna otra novela
tan buena como la señalada y que dentro de unos años, según evolucione el
leguaje fije en el diccionario la palabra “miembra” de la que se descojonó, y
puso a parir a la ex ministra que oso verbalizarla, aunque conociendo sus
opiniones es capaz de dimitir antes de tamaña aberración. Veinte años no es
nada en el lenguaje.
Una
última cuestión e importante.
Un desliz que no se puede pasar por alto.
Cuando el Sr Bosque habla de la primera y cierta
premisa, menciona “violencia doméstica”.
No es correcto Sr. Bosque, hable usted de “violencia de género”
las mujeres que lo sufren tienen derecho a ello y es una cuestión en la que
toda la sociedad debe implicarse, este no es un asunto de exquisitez académica. Los
organismos internacionales han definido Género como un “conjunto de pautas de
conducta o patrones de relaciones asignados a cada sexo en las diferentes
culturas. Se utiliza para demarcar las diferencias socioculturales que existen
entre hombres y mujeres y que son impuestas por el sistema de organización
político, económico, cultural y social, y por lo tanto, son modificables”.
Es así que el término «género» se refiere a las diferencias y relaciones
sociales entre los hombres y las mujeres, que son adquiridas y que pueden
evolucionar a lo largo del tiempo y que varían entre las sociedades y culturas;
a menudo se producen cambios en los roles de género como respuesta al cambio de
las circunstancias económicas, naturales o políticas, incluidos los esfuerzos
por el desarrollo. Este término no reemplaza al de «sexo», que se refiere
exclusivamente a las diferencias biológicas.
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