Me enteré pronto de la matanza del once de marzo de dos mil cuatro en la
estación de Atocha. Llamé por teléfono a mi sobrina y a mi prima que viven en
Madrid, aun no se habían enterado del terrible atentado.
Como todos, pensé que ETA había sido una vez más y esta vez se había superado
en crueldad. La primera noticia diciendo que no había sido ETA, fue de un
comunicado por televisión de Otegui y hablaba de árabes, no lo decía con la
habitual retórica al uso de los suyos. En principio no lo creí, en principio
nunca los creo. Pero poco a poco, radios y televisiones y policías iban dando respuestas
a lo que había pasado, eran los yihadistas islámicos de los que se sospechaba y
lo decía la policía de Acebes, ministro del interior del gobierno de Aznar.
Pero así todo ellos seguían con la línea de investigación de ETA, y empezaron a mentir y supimos hasta qué
punto mentían.
No me puedo imaginar cómo se debe sentir una madre que le dicen que su hijo
ha muerto en un atentado mientras iba en un tren a trabajar. Yo no puedo imaginármelo.
En la comisión investigadora que se hizo en el parlamento escuché
atentamente, lo dieron en directo, el parlamento de Dª Pilar Manjón. Me
emocioné, no fue sentimental, fue duro y directo, dirigiéndose a los
parlamentarios. El Estado es responsable. El estado tiene que cuidar de los
suyos. Es un imperativo ético.
Escuché al ex presidente Aznar hablar de desiertos y montañas no lejanos,
dejando la meliflua sospecha que después sus corifeos han dado por sentada y buena,
que el atentando del once de marzo de dos mil cuatro fue para variar el rumbo de las elecciones y
que allí tenía que estar ETA de alguna forma.
Han pasado ocho años se ha investigado, se han hecho informes, habido
juicio con todas las garantías inimaginables en otros países incluso de nuestro
entorno, hubo sentencias. No es cuestión de pasar página es cuestión de saber
que eso puede pasar y que no debe pasar y que el estado debe proteger a sus
ciudadanos. Y no olvidar a las víctimas que aun hoy el Estado las debe de
ayudar.
Aún hay personas que hablan de que se debe investigar hasta saber la
verdad, para ellos la única verdad válida es que oficialmente se diga que ETA
tuvo participación y que además fue un complot para que perdiese la elecciones
el Partido Popular, y darán vueltas y vueltas y enmerdarán, como ya lo han
hecho a jueces que al final han tenido que sobreseer el caso y a fiscales
generales como ahora a Duce.
Son personas que se apropian del dolor, de las víctimas, de los símbolos y se apropian de forma descarada
y vergonzosa, insultando a los que no están con ellos pues, si no estás con
ellos es que no sufres, te has vendido,
no tienen sentimientos si no eres de los suyos no eres una persona de
fiar.
Las víctimas que así se comportan tienen un punto de excusa en su dolor que
clama desde el interior venganza y la buscan donde se la prometen. Los que no
tienen excusas, son aquellas personas faltas de escrúpulos, son los que apoyan
esos sentimientos solo para favorecer (?) sus intereses de poder, sus intereses
de influencia, sus intereses políticos.
Hoy en Zaragoza he estado en una manifestación de protesta, más de diez mil
personas, antes de las palabras de los oradores y con una música de Pau Casals
han guardado un minuto de silencio por las víctimas. Ha sido un silencio
clamoroso, impactante.
He visto por la televisión la dignidad de Dª Pilar Manjón en el homenaje
que en Atocha se ha hecho a las víctimas de aquella tragedia era la dignidad
del dolor en forma de mujer
No hay comentarios:
Publicar un comentario