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31 mar 2012

LA CODICIA




…Les pondré un ejemplo que tal vez no sea conveniente, pero si esclarecedor.

¿A ustedes que es lo que más les conviene? Una esposa  o una prostituta. No me entiendan mal, me refiero desde el punto de vista económico, del rendimiento del producto, que en este caso es el amor físico. No hablo de sentimientos, en economía no hay sentimientos.

A una esposa hay que darle casa, comida, vestido, si se pone enferma hay que cuidarle y pagarle los medicamentos… incluso si se muere antes que nosotros hay que pagar su entierro…etc…etc.

En cambio a una prostituta no hay que pagarla nada más que por sus servicios, por las horas trabajadas, no hay que ocuparse más de ella.

Bien… les digo que es la diferencia entre un esclavo y un obrero… para que el esclavo no se convierta en amo hay que controlar la situación.



Esto que acabo de escribir pertenece a un monologo sostenido por Marlon Brando en la película “Queimada” dirigida por Gillo Pontecorvo rodada un 1969. En el resumen del argumento, Marlon Brando actúa como un agente británico que a mitad del siglo XIX mandan a una isla caribeña  con una triple misión: provocar la revuelta de los esclavos, poner en manos de los criollos, en nombre del libre comercio con los ingleses, la producción de la isla y devolver a los esclavos a la servidumbre



Desde entonces, todas y cada una de las mejoras que tienen  los asalariados es por la unión de los trabajadores, formando sindicatos, y conquistando derechos. Ningún gobierno ha dado nada, nunca. Todos  y cada uno de los países que se consideran demócratas tienen sindicatos libres y representativos de los asalariados. En 1989 tras la matanza de Chicago donde fueron tiroteados por la policía miles de trabajadores, se fijaron las 40 horas de trabajo semanal... aun hoy en día ni eso se cumple.

En 2012 aún hay contertulios, analistas y políticos con responsabilidades de poder, que hablan de la inutilidad  de los sindicatos en la era moderna, esos mismos y los empresarios repiten como un mantra inviolable que la riqueza la crean los empresarios. 

El trabajador es algo coyuntural, se puede cambiar. Doscientos años y las mentalidades no han cambiado. El progreso consiste solo y exclusivamente en los adelantos tecnológicos. Vivimos mejor (en el primer mundo) pero los grandes paradigmas filosóficos, intelectuales y políticos aún están como hace doscientos años años.

Señoras y señores la riqueza la creamos entre todos y por eso hay que distribuirla.  ¿Cómo?

·        Con salarios justos y dignos, con organización del trabajo que no lesione la salud del trabajador;  recuerdo el concepto de Salud según la OMS:” La salud es un estado de bienestar físico, mental y social, con capacidad de funcionamiento, y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades”.


·        Con una Seguridad Social que le garantice una vejez digna, un sueldo mientras esté enfermo  o sin trabajo y una rehabilitación de sus dolencias.

  

·        Unos impuestos que le aseguren  una sociedad  donde tenga garantizada la salud, con una sanidad pública; una educación para sus hijos que sea pública y de calidad y unos servicios sociales que cuiden de los desvalidos y débiles.

Los trabajadores tienen derecho a esas riquezas, porque las han trabajado. ¿Quién ha decidido que la fuerza del trabajo, la del ingeniero que está a sueldo de la gran aeronáutica,  la del fresador que está en la metalurgia, la del minero, la del albañil, o la del técnico de organización de trabajo o la del recepcionista del hotel, toda esa fuerza de trabajo sea  de menor valor que la del empresario o la del financiero?

A veces la respuesta es dura, cínica y obvia:-“Porque hay más trabajadores que empresarios y es la ley del mercado” Para los codiciosos, los trabajadores somos mercancía.

Pues si somos más: lo decimos… lo gritamos sin miedo… rechazamos cualquier ley que no contemple al trabajador como a una persona y redistribuya las riquezas de forma justa y equitativa.

Los sindicatos llevan doscientos años trabajando para que los asalariados dejemos de ser “prostitutas pagadas por horasy pasemos a ser parte decisoria en la distribución de la riqueza que genera nuestro trabajo.

Aquí y en este momento de la historia la codicia  quiere que dejemos de ser trabajadores para convertirnos en servidumbre.

Aún hay gente que proclama que no podemos seguir con los gastos de la educación y de la sanidad (no hablo de los servicios sociales porque en este país no se ha gastado nada en ese sector) cuando en este país los gastos en sanidad y en educación son de los más baratos de Europa, incluso de algunas partes de América y Asia.

Lo que si saben y no lo dicen es que en esa sanidad y en esa educación hay un potencial negocio que la codicia quiere para ella.

Impuestos a los codiciosos, impuestos a los que se niegan a pagar la parte de riqueza que no les corresponde. Impuestos para nuevos empleos.

Hay riqueza de sobra en este país. Que a cada cual le toque lo que le corresponda en justicia y la justicia está en una Sociedad de Bienestar  donde los únicos que no quepan sean los codiciosos y los intolerantes.

Hace muchas décadas que los trabajadores y trabajadoras de este país y de otros, nos hemos  organizado para que el Estado proteja a sus ciudadanos de la codicia.

El miedo a perderlo todo, ese miedo que los medios de comunicación  de los codiciosos alientan cada día, ese miedo que nos hace apáticos y sin autoestima hay que vencerlo.

Nos ha tocado de nuevo ir a la calle, en vez de resolver los problemas en los parlamentos y en las salas de los trabajos…  no quedará más remedio que ir a la calle.

¡Por Dios que no hablen de derechos cuando un trabajador o una trabajadora pierde el miedo y se echa a la calle! Cuando una persona está maltratada por la injusticia los únicos derechos los impone ella

Los trabajadores somos tan buenos como el que más y mejor que muchos y además de tener la razón no tenemos el defecto de la codicia.

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