…Les pondré un ejemplo que tal vez
no sea conveniente, pero si esclarecedor.
¿A ustedes que es lo que más les
conviene? Una esposa o una prostituta.
No me entiendan mal, me refiero desde el punto de vista económico, del
rendimiento del producto, que en este caso es el amor físico. No hablo de
sentimientos, en economía no hay sentimientos.
A una esposa hay que darle casa,
comida, vestido, si se pone enferma hay que cuidarle y pagarle los
medicamentos… incluso si se muere antes que nosotros hay que pagar su
entierro…etc…etc.
En cambio a una prostituta no hay
que pagarla nada más que por sus servicios, por las horas trabajadas, no hay
que ocuparse más de ella.
Bien… les digo que es la diferencia
entre un esclavo y un obrero… para que el esclavo no se convierta en amo hay
que controlar la situación.
Esto que acabo de escribir pertenece a un monologo sostenido por Marlon
Brando en la película “Queimada” dirigida por Gillo Pontecorvo rodada un 1969.
En el resumen del argumento, Marlon Brando actúa como un agente británico que a
mitad del siglo XIX mandan a una isla caribeña
con una triple misión: provocar la revuelta de los esclavos, poner en
manos de los criollos, en nombre del libre comercio con los ingleses, la
producción de la isla y devolver a los esclavos a la servidumbre
Desde entonces, todas y cada una de las mejoras que tienen los
asalariados es por la unión de los trabajadores, formando sindicatos, y
conquistando derechos. Ningún gobierno ha dado nada, nunca. Todos y cada uno de los países que se consideran
demócratas tienen sindicatos libres y representativos de los asalariados. En
1989 tras la matanza de Chicago donde fueron tiroteados por la policía miles de
trabajadores, se fijaron las 40 horas de trabajo semanal... aun hoy en día ni eso
se cumple.
En 2012 aún hay contertulios, analistas y políticos con responsabilidades
de poder, que hablan de la inutilidad de
los sindicatos en la era moderna, esos mismos y los empresarios repiten como un
mantra inviolable que la riqueza la crean los empresarios.
El trabajador es algo coyuntural, se puede cambiar. Doscientos años y las
mentalidades no han cambiado. El progreso consiste solo y exclusivamente en los
adelantos tecnológicos. Vivimos mejor (en el primer mundo) pero los grandes
paradigmas filosóficos, intelectuales y políticos aún están como hace
doscientos años años.
Señoras y señores la riqueza la
creamos entre todos y por eso hay que distribuirla. ¿Cómo?
·
Con salarios
justos y dignos, con organización del trabajo que no lesione la salud del
trabajador; recuerdo el concepto de
Salud según la OMS:” La salud es un
estado de bienestar físico, mental y social, con capacidad de funcionamiento, y
no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades”.
·
Con una Seguridad
Social que le garantice una vejez digna, un sueldo mientras esté enfermo o sin trabajo y una rehabilitación de sus
dolencias.
·
Unos impuestos
que le aseguren una sociedad donde tenga garantizada la salud, con una sanidad
pública; una educación para sus hijos que sea pública y de calidad y unos
servicios sociales que cuiden de los desvalidos y débiles.
Los trabajadores tienen derecho a esas riquezas, porque las han trabajado.
¿Quién ha decidido que la fuerza del trabajo, la del ingeniero que está a sueldo
de la gran aeronáutica, la del fresador
que está en la metalurgia, la del minero, la del albañil, o la del técnico de
organización de trabajo o la del recepcionista del hotel, toda esa fuerza de
trabajo sea de menor valor que la del
empresario o la del financiero?
A veces la respuesta es dura, cínica y obvia:-“Porque hay más trabajadores
que empresarios y es la ley del mercado” Para los codiciosos, los trabajadores somos mercancía.
Pues si somos más: lo decimos… lo gritamos sin miedo… rechazamos cualquier ley que no contemple al
trabajador como a una persona y redistribuya las riquezas de forma justa y
equitativa.
Los sindicatos llevan doscientos años trabajando para que los asalariados
dejemos de ser “prostitutas pagadas por horas” y pasemos a ser parte decisoria en la distribución
de la riqueza que genera nuestro trabajo.
Aquí y en este momento de la historia la
codicia quiere que dejemos de ser trabajadores para convertirnos
en servidumbre.
Aún hay gente que proclama que no podemos seguir con los gastos de la
educación y de la sanidad (no hablo de los servicios sociales porque en este
país no se ha gastado nada en ese sector) cuando en este país los gastos en
sanidad y en educación son de los más baratos de Europa, incluso de algunas
partes de América y Asia.
Lo que si saben y no lo dicen es que en esa sanidad y en esa educación hay
un potencial negocio que la codicia
quiere para ella.
Impuestos a los codiciosos, impuestos
a los que se niegan a pagar la parte de riqueza que no les corresponde.
Impuestos para nuevos empleos.
Hay riqueza de sobra en este país. Que a cada cual le toque lo que le
corresponda en justicia y la justicia está en una Sociedad de Bienestar donde los únicos que no quepan sean los codiciosos y los intolerantes.
Hace muchas décadas que los trabajadores y trabajadoras de este país y de
otros, nos hemos organizado para que el
Estado proteja a sus ciudadanos de la
codicia.
El miedo a perderlo todo, ese miedo que los medios de comunicación de los codiciosos
alientan cada día, ese miedo que nos hace apáticos y sin autoestima hay que
vencerlo.
Nos ha tocado de nuevo ir a la calle, en vez de resolver los problemas en
los parlamentos y en las salas de los trabajos… no quedará más remedio que ir a la calle.
¡Por Dios que no hablen de derechos cuando un trabajador o una trabajadora
pierde el miedo y se echa a la calle! Cuando una persona está maltratada por la
injusticia los únicos derechos los impone ella
Los trabajadores somos tan buenos como el que más y mejor que muchos y
además de tener la razón no tenemos el defecto de la codicia.
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